Las pinturas de la verdad

Esta entrada volvió del pasado. Fue escrita originalmente  en 2014. Algunos personajes mencionados ya no cumplen funciones (como por ejemplo el Intendente Bruera), pero suscribo a todo lo dicho entonces.


Las máscaras, las pinturas, los maquillajes, sirven para aparentar, disimular, omitir, timar, encarnar lo deseado.

¿Se imagina que la pintura pudiera servir para que todos sepan el estado de ánimo?… Una pintura que diga: hoy estoy menstruando, ni me hablen. Una pintura  que revele sentimientos, poniéndolos en el lugar de lo público. ¡Imposible!.

Pero Martín Guinde, que vivió con los fueguinos en el principio del Siglo XX describió y fotografió pinturas corporales entre los Selknam y los Yámanas.

Entre los Selknam las pinturas corporales servían para revelar estados de ánimo. Cada día una diferente.

No estoy idealizando la sociedad Selknam. La supremacía masculina reforzada en cada ceremonia de hain, en la que por un lado había un rito de pasaje en los varones a la vida adulta (kloketen),  pero por otra se excluía a las mujeres y se las asustaba con gritos y máscaras, con el propósito de mantenerlas en la ignorancia del gran secreto:  los espíritus del hain eran tipos disfrazados.

Volvamos a las pinturas corporales.

Si me ven en pelotas por la calle 13 pintado con lunares rojos y rayas blancas en la espalda, es que aumentó otra vez la nafta y estoy entre preocupado y caliente.

Si tengo un bonete en la cabeza y lunares blancos, es que el intendente Bruera no aprobó el Mercado Central en La Plata y tengo ganas de patearle el culo.

En cambio, si tengo una pelota roja de ping-pong en la nariz y unas rayas paralelas los labios, es que estoy en Sudakia porque Tomás me dijo “papá” y permitió que le de un beso en la mejilla.

Las pinturas de las verdad

Las máscaras, las pinturas, los maquillajes, sirven para aparentar, disimular, omitir, timar, encarnar lo deseado.

¿Se imagina que la pintura pudiera servir para que todos sepan el estado de ánimo?… Una pintura que diga: hoy estoy menstruando, ni me hablen. Una pintura  que revele sentimientos, poniéndolos en el lugar de lo público. ¡Imposible!.

Pero Martín Guinde, que vivió con los fueguinos en el principio del Siglo XX describió y fotografió pinturas corporales entre los Selknam y los Yámanas.

Entre los Selknam las pinturas corporales servían para revelar estados de ánimo. Cada día una diferente.

No estoy idealizando la sociedad Selknam. La supremacía masculina reforzada en cada ceremonia de hain, en la que por un lado había un rito de pasaje en los varones a la vida adulta (kloketen),  pero por otra se excluía a las mujeres y se las asustaba con gritos y máscaras, con el propósito de mantenerlas en la ignorancia del gran secreto:  los espíritus del hain eran tipos disfrazados.

Volvamos a las pinturas corporales.

Si me ven en pelotas por la calle 13 pintado con lunares rojos y rayas blancas en la espalda, es que aumentó otra vez la nafta y estoy entre preocupado y caliente.

Si tengo un bonete en la cabeza y lunares blancos, es que el intendente Bruera no aprobó el Mercado Central en La Plata y tengo ganas de patearle el culo.

En cambio, si tengo una pelota roja de ping-pong en la nariz y unas rayas paralelas los labios, es que estoy en Sudakia porque Tomás me dijo “papá” y permitió que le de un beso en la mejilla.