Sudakia falsa y milongón.

Buscando Sudakia, escucho a Jaime que busca Sudakia.
Y es así.

El milongón vive en mi corazón.

Pero me resisto. A Sudakia la percibo y me la represento pero solo tengo de ella mapas, modelos mentales. Sudakia autocumplida. Sudakia inventada. El milongón constructivista de Paul Watzlawick.

Voy y vengo.

Sudakia está allá afuera y tengo que encontrarla nomás.  Sudakia es real e independiente de mi.  ¡El milongón materialista!…

¿O es  que Sudakia está en mi mente nomás?… Como Segismundo de Calderón, encerrado en la torre que he nacido, me pregunto si la Sudakia que veo cada tanto no es más que un sueño. Allá afuera no hay nada. Lo único real es mi mente. El milongón solipsista. ¡El idealismo que me caga el marulo!.

De repente me pongo paranoico. Hay una gran confabulación. Soy Truman y a Sudakia me la están inventando. Todos mis interlocutores sudacos son las sombras de la caverna.

Morfeo me dice: -Mirá Neo, Sudakia es una Matrix falsa y tu cuerpo alimenta a  las máquinas  ¡Rescatate chabón!…-  La única verdad es la realidad…

¡¡¡¿Qué es la realidad?!!!

 Puta madre…¡ Platón, Platón, qué grande sos! El milongón platónico.

 

¿Será posible que me esté tragando el diario de Yrigoyen?… Los argentos saben de lo que hablo, pero si estás en otro lado, la frase “diario de Yrigoyen” no te significará nada. Durante el segundo mandato del presidente radical Hipólito Yrigoyen (1928-1930), se creó un diario ficticio para que Don Hipólito pudiera leer noticias redactadas por su entorno para dorarle la píldora. Lo publicado no correspondía a la realidad. Se supone que era un diario La Prensa falso.
¡Todo falso!. Incluso el mito del diario de Yrigoyen. En realidad la existencia de dicho diario fue una mentira inventada por Natalio Botana desde el diario Crítica para desprestigiar al presidente preparando el terreno para su derrota por la dictadura de Uriburu.

¿Sudakia es falsa?… ¿Una zanahoria?… ¿Un invento de Majul?…¿O es real y la mentira de Majul es que habíamos estado viviendo engañados?

Jaime… ¡Encontré el insulto preciso!…