Llueve en Sudakia III

Hace días que llueve. Ya cansa. Seguirá así hasta mañana con una breve tregua. El fin de semana retomará.
Recordé este fragmento de Cortázar

Ilustración de Miguel Rep. Los derechos le pertenecen

Yo no sé, mirá, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana, se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae.
Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes mientras le crece la barriga, ya es una gotaza que cuelga majestuosa y de pronto zup ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.
Pero las hay que se suicidan y se entregan en seguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran, me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse.
Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.

Julio Cortázar. Aplastamiento de las gotas, en Historia de cronopios y de famas (1962)

A Sudakia en una pata

-¿Sudakia es eso que se ve allá abajo?.-
-No sé. Me parece que ya estamos. Agarrate bien-

Sténcil de Jonipunto. Madrid. La foto no sé de quién es.

-¿A Sudakia se puede llegar en una pata?-
-No sé. Probemos-

Foto: Urbano Efímero. Fratelli La Bufala, Napoli, Italia. Todos los derechos reservados

-¿Sudakia está allá arriba?-
-No sé. Dale más piola que llega hasta el sol-

¡Mierdra!

El otro día intenté abrir un paquete de arroz con los dientes y el nylon/celofán se rajó en el sentido longitudinal. Arroz al piso..
-“Mierdra”- Me salió desde las entrañas.
¿Mier-dra?…¿Por qué?…
Y luego me vino a la mente “Ubú y palitroque en las ornejas”. ¡¿De dónde salió todo eso?!…

Comencé a recordar. Yo era un niño de seis años en 1975 y mi padre, que no vivía con mi madre, me contó la historia de Ubú Rey.

En esa época mi viejo viajaba una vez por semana desde Buenos Aires hasta Lincoln a visitarme (más de trescientos kilómetros). Y cuando nos veíamos jugábamos en el parque, almorzábamos ponzottis en Cheroga, y me contaba historias.
Recuerdo de esas charlas la evolución darwinista, el cantito “la juventud peronista sale a la calle y pelea, y si lo para un gorila, si no lo caga lo mea”, y ahora lo de Ubú rey…y poco más.

Treinta y nueve años después supe de Alfred Jarry, su obra teatral parodiando Macbeth y su autoría de la patafísica.

Ya Oliveira y la Maga en Rayuela me habían hablado de la patafísica, pero nunca pude relacionarla con Jarry. ¡Mi ignorancia infinita! 🙂
Y ahora que lo pienso, la patafísica, bien podría orientar los destinos colectivos de la Patria: ¡¡¡Se necesitan soluciones imaginarias ya…excepciones a la regla…leyes de las excepciones…o nos comen los buitres !!!.

¡Mierdra!…

Adentro y afuera

Camino a Sudakia me colgué mirando unos pájaros negros en el cielo que volaban en v. Pero no se adelante, porque no diré nada del trabajo en equipo, la solidaridad ni nada de eso que se imagina con aves migratorias en v.
Lo que si tiene relación es que me colgué. 🙂
Creo que la libre asociación comenzó con unas niñas que saltaban a la soga.
Saltar, la soga… ¡Entre las cuerdas!.
Recordé el libro de Loïc Wacquant (Entre las cuerdas).

La antropología trata de entender el fenómeno de la cultura. Hay una historicidad en la producción/reproducción/destrucción de representaciones, de significaciones sociales.
¿Y cómo nos anoticiamos de ellas?…
Si son propias, primero describiéndolas y tratando de desnaturalizarlas, extranjerizándolas, comparándolas, historizándolas, contextualizándolas.
Si son ajenas… también 🙂
Retomo la pregunta sobre cómo nos anoticiamos de ellas. Y respondo: observando y preguntando. Y a veces participando.
Creo que fue Krishnamurti el que dijo que no se puede conocer el gusto de la manzana sin morderla. Participando en calidad de una especie de miembro de una comunidad es como se aprenden las reglas.
Aunque hay que tener claro que uno siempre será un extranjero.

Wacquant boxeando com Curtis Strong (1989)

Wacquant, un profesor de Berkley, un sociólogo y discípulo de P. Bourdieu quiere aprender sobre la vida en un gueto negro de Chicago.
¿Y qué hace?… Pues se interna tres años en el Club Woodlawn, un gimnasio de negros de Chicago.
El defiende su metodología de “sociología carnal”, aduciendo que su objeto solo podía ser comprendido con el cuerpo.
El tipo se lanzó en la difícil tarea de aprender con su cuerpo, entrenándose tres veces a la semana, disciplinando su mente, adquiriendo con muchos esfuerzos los gestos del boxeador. Hizo de su trabajo de campo una experiencia de vida al punto de pensar renunciar al mundo académico para convertirse en boxeador profesional.

Loïs re-define la observación participante de Malinowski como “participación con observación”.

Quiso transformarse en un boxeador negro de Chicago. Por supuesto que no lo logró, pero por suerte nos dejó su libro.
El tipo, intenta contarlo desde adentro.  Contra las cuerdas es tres en uno: una descripción etnográfica, un análisis sociológico y una evocación literaria. Y por si todo esto fuera poco, para el bolsillo de la dama y la cartera del caballero, también hay fotografías en blanco y negro del propio Wacquant.

Sus análisis, la lógica binaria del boxeador, los significados, conclusiones de su obra… otro día. O mejor le dejo el enlace. Se lo lee/descarga pinchando acá.

Pues bien. Y desde adentro, un boxeador  real ¿Qué diría?. Tenemos la suerte de haber registrado frases y reflexiones de Ringo Bonavena. Las legendarias:

“Es todo muy lindo, te dicen mete la mano derecha allá, caminalo, mete el jab, matalo y todo lo que quieras, pero cuando suena la campana te dejan solo y ni el banquito te dejan”

o
“La experiencia es un peine que te lo dan cuando te quedas pelado”

o
“La calle lo aviva a uno. Nadie es malo de chico, pero no se la puedo vender cambiada diciéndole que era un santo, que hacía bien los deberes, que no fumaba a escondidas bajo el puente y que iba a misa los domingos. Todos me lo cantaban en el barrio: vas a ser boxeador, y a fuerza de repetírmelo, me lo creí”.

 

Collage de Federico Hurtado.
Visite su blog Volvé pelotudo! (de ahí me chorié esta obra)

Pero la mejor reflexión de un boxeador, no la logró un académico desde afuera, tratando de hablar desde adentro. Tampoco la hizo un boxeador real desde adentro: la hizo Julio Cortázar,  desde afuera, haciéndose pasar por Justo Suárez. (A veces la literatura explica más que las ciencias sociales)

Justo Suarez.
Imagen extraída de Wikimedia Commons. Licencia: Imagen de dominio público. Diario La Razón 1930

Torito. Lo lee Julio Cortázar