Recomendacion sudaka para enfrentar lo que viene

Lo único que recomiendo es –a partir de ahora y después de darles la mano a los ganadores con el mejor deseo de que todos (pero todos) estemos mejor– que nos coloquemos cautelosamente con el culo en la pared.

Juan Sasturain. Página 12 23/11/2015

 

En Sudakia no hay cajeros

Sténcil en Londres. Banksy

En el Cajero, alguien que no te conoce, desde la oscura banca y sin dar la cara, todo el tiempo te mira las cartas que él mismo te ha dado para que juegues con lo que es tuyo a lo que él quiere.

Juan Sasturain. El arte de Ultimar, Página 12 16/11/2015

Sténcil en Lisboa. Above. Above dibujó esta plantilla en un viaje a Lisboa cuando observó que una señora pedía a diario, a menos de dos metros de un cajero automático donde la gente hacía fila durante todo el día para sacar dinero, y pensó en “robar a los ricos para dar al pobre”.

Voces II

Desde el 2011 llega al refrito sudaco este post (originalmente se llamó Se viene el zurdaje. Las retóricas de la Chiqui

Puede ser tanto respecto al  referendum griego como sobre el rol futuro de  La Cámpora

¡En el camino a Sudakia escucho cada cosa..! Por suerte está Hirschman que le pone un marco histórico a la retórica de la reacción. ¡Con Zannini se viene el maoismo sciolista, chabón!. Ya no sé si era un zócalo de Leucuzón y Leucocito o de los hermanos Macana. Perá un cacho… ca tá. ¡De los hermanos Macana!

* * *

A principio de los 90 Albert O. Hirschman, publicó Retóricas de la intransigencia.

En ese viejo texto se oponía a Tacher-Reagan que venían a destruir el Estado de Bienestar. Hirschman asume una posición interesante: analizar la retórica de la reacción conservadora desde una perspectiva histórica.

El chabón toma a lo que T. H. Marshall denominó respectivamente las dimensiones civil, política y social del “desarrollo de la ciudadanía”en Occidente: la Revolución Francesa con su afirmación de la igualdad y de las libertades civiles en general en el siglo XVIII; la generalización del sufragio universal en el siglo XIX, y el nacimiento del Estado del Bienestar en el Siglo XX. (Todo esto seguro Ud. que lo sabe). Lo que Hirschman indaga es el discurso de la reacción conservadora a cada una de esas transformaciones sociales.

Identifica tres tesis reaccionarias que sintetizan los argumentos que los conservadores han manejado a lo largo de tres siglos para oponerse a los tres impulsos “progresistas”:

Tesis 1  Tesis del efecto perverso (O sea, Guarda la tosca, no innovar), según la cual toda acción para mejorar algún rasgo del orden político, social o económico sólo sirve para cagarla. Se me ocurre ahora pensar en los tiempos hegemónicos de la convertibilidad y los primeros ensayos para cuestionarla. La reacción a los balbuceos en contra era aplastante. Ud que tiene más memoria e ingenio, puede pensar otros ejemplos. Si está en Europa, se le ocurrirán muchos.

Tesis 2:   Tesis de la futilidad  (O sea, Es al pedo) todo cambio será inútil porque la sociedad y la economía están regidas por leyes naturales inalterables. Idem que la primera tesis. Pienso miles de ejemplos, pero esto se hará tedioso.

(Ilustraciones del viejo Breccia en el libro Perramus (Pinche y sea feliz) , con guión de Juan Sasturain)

Tesis 3: Tesis del riesgo. (O sea, Se viene el Apocalipsis de Lilita) Sostiene que el cambio propuesto implica un riego demasiado alto y que lo que podría ganarse es poco respecto a lo que podría perderse. Por estos pagos piense en los gurús de la City, o en la charla del taxista, luego de hablar del clima. Si votó ayer en España ya sabe de lo que hablo.

El Roto

¿Política?… ¡Noooooooooo!… deje que se ocupen los técnicos, que saben. No son corruptos y no harán cagadas. ¡No toques nada, nene!… que se rompe. Dejame a mi

Hirschman pone al descubierto los argumentos endebles de la retórica conservadora y se carga a Tocqueville, Herbert Spencer Milton Friedman y otros más que no me acuerdo, pero su texto se ha vuelto tan vigente, como los discursos de la reacción conservadora.

Pensaba… ¿Cómo es que  la retórica de la reacción es  la misma desde el Siglo XVIII?… Y Chiquita Legrand me contestó, desde abajo de una capa de revoque que intenta disimular reacciones decimonónicas: -es que el público se renueva- para agregar inmediatamente .-Se viene el zurdaje-.

PD: si digo Tacher, es Tacher, no Thatcher. Donde dice Reagan, Ud. puede poner Rigan, que no pasa ná.

*   *   *

PD del 2015: Lo de Leucozón y Leucocito es una genial creación de la compañera Susana Duscovich.

Hablemos de las cosas que nos gustan y llegamos.

El compañero Jorge me sugiere una lectura para que de mi opinión. No puedo agregar nada a la genialidad de Juan Sasturain. Solo que me siento ampliamente representado. Gracias Jorge. Gracias Juan Sasturain.

Dar uno, dos pasos atrás

Al compañero Bartleby

No se puede ni se debe escribir desde la vergüenza, la furia y la tristeza porque al expresarlas –al tratar de hacerlo– se desnaturalizan, se convierten en el tema, cuando lo que corresponde –así son las reglas– es hablar de lo que pasa, no de lo que le pasa a uno. Claro que es así. Y uno trata, insiste en activar los viejos reflejos, pero en algún momento se da cuenta de que ya no puede soportarlo. Que hace rato que se le hace cuesta arriba afrontar ciertos temas y situaciones sin sacarse. Y entonces los evita (o trata de evitarlos) por lo que supone –seguro que equivocadamente– que es una cuestión de salud o de cobardía o de simple cansancio o de lo que fuere. Y entonces sólo cabe parar, porque si no lo único que uno consigue expresar es furia, tristeza, amargura, escepticismo y no cabe usar un espacio público/periodístico para hacer catarsis personal. Aunque se disfrace de docencia, análisis o filosofía de cuarta. Mejor reconocer que uno (ya) no está, no tiene energía, para ciertas cosas. Ni siquiera para bancarse un rótulo como el de Opinión que encabeza estas líneas. Uno las tiene/tendrá siempre, pero es como el culo del refrán: todos tenemos uno. Por eso, “Mejor dejarlo”, como dijo el cholo Vallejo.

Juan Sasturain

Pero uno ha puesto –como tantos en este país, en todas partes– mucha pasión y tiempo y energía en cosas que, más allá de las estrictamente privadas –como el amor, sin ir más lejos–, le importan. O, dicho de otra manera que no es la misma: uno siempre ha creído que le importan cosas en las que ha puesto mucha pasión, tiempo y energía. Y al descubrir que eran importantes (para uno) trató de justificar su valor –universal, metafísico– para justificar(se). A eso le hemos llamado “inventarse un sentido”. Ya que la vida parece no tenerlo, algo hay que hacer. Algunos creen en el poder o en la guita. Uno ha supuesto o creído que hay/había otras cosas. La literatura, el fulbito, la política, ciertas zanahorias para justificar ir hacia adelante. Y por ahí fue.

Estas boludeces que uno improvisa están disparadas por las sensaciones incómodas –por no decir dura la verdad: insoportables– que le provocaron un par de cosas que (no del todo, asqueado) vio por televisión esta semana. El vergonzoso, infernal (por buñuelesco) e infinito entretiempo del Boca-River por la Copa y sus consecuencias –que motivan, de prepo, esta nota– y la entrevista y bochornosa jornada nocturna de ShowMatch en que tres presuntos candidatos a gobernarnos –si elegimos suicidarnos– nos dieron furia, asco, lástima y vergüenza ajena.

Y la incomodidad de uno reside en que no quiere (siente que no debe) y ya no puede escribir sobre esta basura en el fondo irrelevante: uno tiene que dar un paso atrás y mirar (e invitar a mirar) una y otra vez esta mierda estructural y destilada a la que hemos llegado a aceptar como el hábitat natural y contenedor de la mayoría de nuestra experiencia. Si son necesarios dos pasos atrás, mejor. Y abominarla. ¿Por qué darle tiempo, entidad de objetos de reflexión, energía y expectativa a los actores de estas penosas farsas humillantes que salpican sobre todo al que les entrega su devaluado tiempo y su atención masoca?

Cada uno de los sujetos infames con su excusa. Mentirosos que ni se enteran, ladrones avalados por el sistema ladrón, hipócritas inconscientes, cagones sin almohada preguntona quedan en el centro de una escena que no es nueva sino el reiterado reestreno de viejos éxitos históricos de la Argentina / Humana Enfermedad. Por eso, ante la evidencia de que no se puede evitar al furia y la amarga impotencia, uno decide dar dos pasos atrás (para ver mejor, en perspectiva) y uno al costado, para salirse, y dice, como el viejo y piantado Bartleby: “Preferiría no hacerlo”.

Bartleby. el escribiente. Cuento de Herman Melville. (Si pincha sobre el grabado, se lee el cuento completo)

Ya está. Uno no ha sido capaz de abstraerse de sus sensaciones y decide –de algún modo, penoso– borrarse: basta, no le da el estómago ni –supone– tiene los huevos o el temperamento, ni quiere enfermarse más de lo que está. Nadie se baja de las convicciones. Sólo las administra mejor.

Por eso, a partir de ahora –y no nos rompan las pelotas con el avestruz– mejor descontaminemos, hablemos de las cosas que nos gustan, como uno supo aprender del diálogo Truffaut-Hitchcock que citaba Carlitos Trillo.

Carlos Trillo

Por ahí debe ir el sendero de la sabiduría o al menos del día a día sin pellizcos de úlcera. No nos vaya a agarrar la Huesuda pensando en perverso el dólar blue, las tramposas encuestas o un fallo de la Conmebol. Sería imperdonable. Irreparable, además.

Juan Sasturain, en página 12 del 16/05/2015

Intrusos

–¿Te acuerdas del carpintero que nos hizo el banquito y la repisa grande?

–Sí, un desastre –dijo Jalifah–. ¿Y a quién embarazó ese imbécil?

–A nadie… O sí: es su mujer, dice. Aunque dice que no fue él.

(…)

–Y otra cosa –prosiguió con tono definitivo–. Mañana mismo hay que ponerle una traba al portón del pesebre. Esto no puede volver a suceder.

Juan Sasturain. Página 12. El arte de ultimar 23 de diciembre de 2014

(Completo)

Intrusos

El menor de los seis hijos de Ahmed entró corriendo, como solía, a la cocina de paredes de piedra y, tras derribar el báculo de su padre apoyado junto a la puerta y provocar el ladrido de los perros echados junto al fuego, dijo con la cara radiante:

–¡Hay una pareja en el pesebre!

Jalifah, su madre, dejó de revolver el guiso de cordero recalentado del mediodía con la cuchara de madera y lo reconvino sin siquiera volverse:

–Te tengo dicho, Tobías, que no espíes a las parejas… Y no grites, y cierra la puerta que vamos a cenar.

Afuera se diluía la luz invernal, oscurecía con rapidez. El chico empujó sobre el piso de tierra la pesada madera con ruido de goznes hasta ponerla en su lugar.

–Pero es que no están…

–¡Basta ya! –dijo por lo bajo Jalifah a su hijo y a los perros alborotados que no paraban de gruñir. Esperó un instante y señaló con el pulgar la otra habitación de la casa–. Tu padre volvió muy cansado, Tobías, no lo alteres con cuentos…

–Pero no es que… –el chico no supo cómo explicar, en este caso no era como habitualmente sucedía–. Se acomodaron para quedarse.

La mujer se apartó de la olla.

–¿Qué quieres decir?

–Están instalados en el pesebre, madre: no vinieron a… –y el chico hizo el gesto universal.

La madre levantó la mano libre y le cruzó la cara de un sopapo.

–¿Quién te enseñó a hacer eso?

Hubo risas a sus espaldas y Jalifah se volvió hacia el rincón donde las hermanas de Tobías cuchicheaban.

–Yo no fui –dijo Anna, la mayor, que trenzaba palmas.

–Yo tampoco –dijo Sufih, que bordaba una estera.

–Cállense ustedes, desvergonzadas… –las retó su madre, y se volvió–. Y tú, la próxima vez que…

Tobías se tocó la mejilla, contuvo el llanto y se dirigió a la otra habitación.

–¡No molestes a tu padre! –dijo Jalifah amenazante pero sin levantar la voz.

Su hijo no le hizo caso.

Apenas un rato después, el viejo Ahmed salió del cuarto poniéndose el gastado abrigo de piel de oveja sobre la camisa. Apoyó el pie derecho sobre el banquito pequeño y se ajustó las tiras de la sandalia.

–Enseguida vuelvo –dijo por toda explicación. Recogió el pesado báculo y salió seguido de Tobías. Los perros fueron silenciosamente detrás.

Las mujeres quedaron mirándose entre sí. De pronto, Sufih, la más vivaz de las hijas, fue hasta la estrecha ventana y los observó alejarse colina abajo.

–Hay luna llena –dijo admirada–. Se ve como de día.

Su hermana se acercó y miró sobre su hombro:

–No. Es esa estrella, la nueva, que brilla todo el tiempo –y señaló hacia lo alto–. ¿Podemos ir nosotras también, madre?

Jalifah meneó la cabeza sin dejar de revolver.

–Vengan acá, basta de salir con cualquier motivo. Terminen lo que estaban haciendo. Hace una semana que están con esas labores.

Las adolescentes volvieron al rincón, murmurando:

–Total, nosotras ya los vimos…

–¿Cómo? ¿Cuándo los vieron?

–Hoy, cuando fuimos a la fuente –dijo Anna–. Llegaron temprano, muy cargados de cosas. Ella en ancas del burro, él a pie.

–¿Y por qué no avisaron?

Sufih se encogió de hombros:

–Nos dieron pena –hizo una pausa–. Ella está a punto de…

Jalifah no la dejó terminar, meneó la cabeza:

–¿Y se están escapando?

Ellas asintieron.

–Parece que sí. Nos pidieron que no dijéramos nada –dijo Sufih.

La madre soltó la cuchara, se apartó de la olla y se secó las manos con un trapo:

–Mocosas estúpidas… –y hablaba de la del pesebre, y de las suyas también–. No aprenden nunca…

–¿Qué va a hacer, madre? –dijo Anna.

–Voy a ir a ver –dijo Jalifah echándose el manto oscuro sobre la cabeza–. Tu padre no es demasiado confiable en estos casos. Cuiden el fuego y no le abran a nadie.

Jalifah bajó a largos pasos la colina por el sendero pedregoso hasta llegar al pie. El pesebre estaba al borde del camino; era una construcción elemental de piedra con techo sostenido por vigas de madera, con un entrepiso para el forraje y espacio abajo para los animales. Solía haber problemas con los intrusos, y las parejas del pueblo solían utilizarlo para sus escapadas clandestinas. Estaba harta de lidiar con estas cuestiones.

La luz vacilante de una antorcha salió a esperarla Ahmed, que la interceptó en el portal.

–¿Sabes quiénes son?

Ella agitó la cabeza.

–¿Te acuerdas del carpintero que nos hizo el banquito y la repisa grande?

–Sí, un desastre –dijo Jalifah–. ¿Y a quién embarazó ese imbécil?

–A nadie… O sí: es su mujer, dice. Aunque dice que no fue él.

Ella sacudió la cabeza con incredulidad:

–No entiendo. ¿Y por qué no están en su casa como Yahvé manda?

–Es una historia rara… –y Ahmed señaló la desmesurada estrella que brillaba sobre sus cabezas–. Todo es muy raro.

–¿Hablaste con ella?

El agitó la cabeza.

–Voy a hablar yo entonces.

Jalifah se quitó el manto de la cabeza y entró al pesebre. Inmediatamente salió el taciturno carpintero. La mujer estuvo un rato largo adentro y cuando volvió a aparecer se dirigió a él con un gesto de cabeza:

–Vaya, acompáñela. No la deje sola. Ella le dirá cuando llegue el momento; y ahí me avisa.

El carpintero asintió y volvió a entrar tan perplejo como había salido. Jalifah suspiró con desaliento y se volvió hacia su marido:

–Es casi una niña, Ahmed… Podría ser Sufih. Y ni siquiera sabe lo que le pasó. Pero está tranquila. Yo creo que es cuestión de horas.

Fueron desandando el camino iluminado de plata hacia la casa. Jalifah llevaba a Tobías de la mano y los perros iban y venían.

–Ella dice que es varón pero yo creo que no: por el tipo de panza, chata, es una niña.

Ahmed asintió; su mujer sabía de esas cosas. Nunca se había equivocado con los suyos.

–Y otra cosa –prosiguió con tono definitivo–. Mañana mismo hay que ponerle una traba al portón del pesebre. Esto no puede volver a suceder; tiene que quedar cerrado. ¿Me oíste? Nunca más.

–Sí, querida –dijo él. Y después de un momento, como para cambiar de tema–: ¡Que hermosa noche!

–Apurémonos que se enfría el cordero –dijo ella.

Y ni siquiera miró para arriba.

Casi mentira sudaka (verdades, vanguardias y mayorías)

Nosotros, los buenos, los que tenemos razón.
Sudakia es una. La nuestra. Las otras…utopías de republiqueta.
Tenemos que hacerles entender nuestra verdad de pocos.
Viven en una nube de pedos. No entienden…o no quieren entender. ¡Que se jodan!….

Habrá función/acto relámpago.
El circo ha sido prohibido, pero el comando de los siameses hermanos Marx harán su numero a la hora de descanso en la planta procesadora del guano. Los obreros entenderán.

“La isla del guano” pluma de Alberto Breccia y textos de Juan Sasturain.

“La isla del guano” pluma de Alberto Breccia y textos de Juan Sasturain.

 

“La isla del guano” pluma de Alberto Breccia y textos de Juan Sasturain.

La gente no se reía.
-Eso no importa. Sabemos que tenemos razón.-
-Si, tal vez…pero además de tener razón hay que convencer a la mayoría. Una verdad de pocos es casi una mentira…-

Juan Sasturain

Maracanazo en puerta

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(Publicado en mi  pestaña El Sudaca Renegau)

Pinche    Maracanazo en puerta.

La mirada de los otros (mundial)

Miradas encontradas mirando Página 12. ¡Qué lo miró!

“(…) pongámonos por un momento la camiseta iraní, la barba ocasional, pintémonos la cara de verde, blanco y rojo y –tras inclinarnos hacia La Meca y encomendarnos a Alá– miremos el partido desde un bar o café de Teherán, en barra y sin birra. Glorioso partido, el nuestro. Aguante prolijo y ordenado, sin errores, contra uno de los candidatos que tiene, además, al mejor del mundo. Y no sólo eso: de contra lo pudimos ganar, e incluso el referí –que siempre ayuda a los poderosos– no nos dio un penal, el de Zabaleta a Reza, que vio todo el mundo menos él. Y en el último minuto (nunca más fatal), en el último minuto, ese enano que estuvo borrado durante media hora, ausente y desalentado por nuestra marca ordenada, la viene a poner ahí… Es de no creer. No es justo. ¿Qué hicimos para merecer esto? Nada. Ahora, a llorar a la mezquita.”

Juan Sasturain
La madre que te parió

http://www.pagina12.com.ar/diario/deportes/8-249157-2014-06-22.html

“Esta Copa de mierda nos arruinó. Quedó toda esa ‘resaca’ de uruguayos, chilenos, colombianos, argentinos, no sé de dónde. No pagan nada, están ‘secos’, no tienen un real, lloran por todo, quieren todo gratis.”

(De una prostituta de Copacabana a la agencia DPA sobre los efectos para su negocio del avance de las selecciones latinoamericanas en el Mundial.)

Pirulo de tapa de Página 12 del 28 de junio de 2014
http://www.pagina12.com.ar/diario/pirulo/30-249632-2014-06-28.html

Rudy/Paz diálogo Garcap en diario Página 12 de 1/9/2014

Juan, Miguel, Alfred y los buitres

Se padece, haciéndole el aguante
al equipo. Sufrir, cada partido,
el miedo de que esté todo perdido
y al final, zafar en un instante.

Pero hay placer también en la flagrante
angustia que despierta la libido.

Del gordo Hitchcock hemos aprendido
a gozar del suspenso, una constante.

De sus películas, recuerdo una
con Tippi Hedren de hace muchos años
que hoy vuelve, memoria inoportuna.

Bajo el sol cenital hay algo extraño:
sombras que giran sobre la tribuna,
buitres posados en el travesaño.

 

Una de Hitchcock. Juan Sasturain 23/06/2014

Los buitres de afuera y adentro. No se puede carroñear lo que está vivo. Ilustración de Miguel Rep, Buitres & Co. 23/11/2012

camorrita the carne blues (a años luz de Sudakia)

“La carne es triste, ay… Y ya he leído todos los libros.”
Stephane Mallarmé, Brisa marina.

Asado de tira en diferido

The Carne Blues (Para dos personas)

Por Juan Sasturain (en contratapa de Página 12 del martes 20 de Mayo de 2014)

Nada se tira / del asado de tira
el tira asado / ya no tira más.
Se elige un patrullero bien maduro
debidamente estacionado
se lo casca contra el filo
el borde
el cordón de la vereda
(Cuidado no romper la institución / manchar los uniformes)
y se extrae un tira mediano no muy duro o viejo
en activo / no ortibado.
Se tira el resto.

Luego /
se procede /
así:
se toma el masculino con dos dedos
(ojito con las huellas dactilares)
se le saca bien la grasa / la gorra / la pizza de garrón
el bigote oficial y toda la botonería.
Se deja estar, en ablande, una semana
hasta que pierda / extravíe / olvide
el olor a servicio
los reflejos de gatillo / de boleta
fácil /
la resaca de comisaría.
Ahí se le quita el azul con un buen susto y recién
(recién entonces)
se extirpan –con sumo cuidado–
el palo /
la chapa con gallito /
la cuarenta y cinco con gatillo / la boleta fácil
/ todo / todo / todo lo que
pueda
resultar
indigesto.
Se sala bien / se deja un par de décadas
al sereno democrático
y ya está listo para integrarse a la cultura /
la vergüenza /
la parrilla nacional
sin rencores pero con salvedades.

Sale con fritas / sin boleta y / o ensalada mixta / con documento actualizado.
Nada se tira / del asado de tira.
El tira asado / ya no tira más.

*   *   *

LA CAMORRITA (letra Jorge Boccanera, música Raúl Carnota)

La versión originar era como la canta Carnota en este video. A Carnota le pareció que la letra era un un poco hermética, entonces Boccanera le agregó este recitado inicial.
Hay versiones en Youtube con el recitado inicial, pero esta versión con Daniel Masa es una genialidad.

(recitado)
Con un clavo rayaron el esmalte del alma, dejaron una mueca en medio de la boca. Nunca confundas eso con una sonrisa. Te digo que por abajo trabajan los que nunca trabajan. Te digo que los que roban no roban plata, roban futuro. Te digo que la vida fácil porta gatillo fácil. Los silvidos del alma van a ninguna parte; pero en algún lugar, uno más uno quiere decir nosotros.

(cantado)
Alma que canta para quién
en el infierno de los días,
crepita el tufo del revés
en el sobaco que te mira.

Alma que truena en un rincón
con alarido de marrano,
pide limosna y atención
desde la palma de la mano.

Alma que tanto te han herido,
por qué parlás a este jodido
su saco roto en el montón.

Nadie te escucha e esta orilla
nadie te reza de rodillas
y algunos piden paredón