Matecitos de Sudakia

Desde 1935 a 1939 Claude Lévi-Strauss, etnólogo franco-belga,  vivó en Brasil. En esa época de juventud realizó sus trabajo de campo y  tuvo las experiencias vitales  que luego le permitieron desarrollar las teorías estructurales, los vínculos con la lingüística saussuriana, jakobsonyana y su particular interpretación de las culturas. 
El tipo vivía con su objeto de estudio. En esos años no era un etnólogo y la idea de estructura mental y cognitiva le era ajena.
Estaba  huyendo de la filosofía. Vivía en los trópicos, en  selva amazónica y de allí saldría  mucho después el título de la obra Tristes Trópicos.
Entre los Nambikwara observa una extraña ceremonia.
Dos veces al día -a las once y media de la mañana, y a las siete de la tarde- todo el mundo se reunía debajo de la pérgola que rodeaba las habitaciones para el rito bi-cotidiano del cimarrão, es decir, el mate con bombilla. Se sabe que el mate es un arbusto de la misma familia que nuestra encina, cuyas ramas, ligeramente tostadas al humo de un fogón subterráneo, se muelen hasta formar un polvo grueso, del color de la
reseda, que se conserva largo tiempo en barriles. Hablo del verdadero mate, pues el producto que se vende en Europa bajo este nombre generalmente ha sufrido tan maléficas transformaciones que ha perdido toda semejanza con el original.
Hay muchas maneras de tomar mate. Durante el transcurso de expediciones, agotados y demasiado impacientes por gozar del alivio instantáneo que ocasiona, nos conformábamos con echar un grueso puñado de agua fría que hacíamos hervir en seguida, pero que retirábamos del fuego a la primera ebullición, porque si no el mate
pierde todo su sabor -esto es lo más importante-. A esto se le llama chá de mate, infusión al revés, verde oscuro, y casi aceitosa, como una taza de café fuerte. Cuando el tiempo falta, uno se contenta con el tereré, que consiste en aspirar con una pipeta el agua fría, con la que se riega un puñado de polvo. También se puede, si se teme el gusto amargo, preferir el mate doce [dulce], a la manera de las bellas paraguayas; en este caso hay que acaramelar el polvo mezclándolo con azúcar sobre un fuego vivo, inundar luego esta mezcla con agua hirviente y tamizar. Pero no conozco ningún aficionado al mate que no ponga al cimarrão por encima de todas estas recetas; es a la vez un rito social y un vicio privado, como se practicaba en la fazenda [en el campo/explotación agrícola].
Se sientan en círculo alrededor de una niña, la china, que tiene una “pava”, un calentador y la cuia, que puede ser una calabaza con un orificio bordeado de plata, o -como en Guaicurús- un cuerno de cebú esculpido por un peón. El receptáculo está lleno de polvo hasta los dos tercios y la niña lo va embebiendo con agua hirviente; cuando la mezcla se hace pasta, la agujerea con una bombilla de plata (terminada en su parte inferior por un bulbo lleno de orificios) y cuidadosamente perfilado un vacío para que la bombilla repose en el fondo, en una menuda gruta donde se acumulará el líquido; el tubo debe conservar el juego exacto como para el equilibrio de la masa pastosa no se vea comprometido y para permitir que el agua se mezcle adecuadamente. Una vez que el cimarrão se dispone de esa manera, solo queda saturarlo de líquido antes de ofrecerlo al dueño de casa; después de sorber dos o tres veces, éste devuelve el recipiente y la misma operación se repite para cada uno de los participantes, primero los hombres y luego las mujeres, si las hay. Las vueltas continúan hasta que la “pava” se agota.

Los primeros sorbos procuran una sensación deliciosa -por lo menos, al que está habituado, pues el principiante se quema- que viene del contacto un poco untuoso de la plata escaldada, el agua efervescente, rica de una espuma nutritiva, amarga y olorosa a la vez, como una selva entera concentrada en unas gotas. El mate contiene un alcaloide análogo a los del café, el té y el chocolate, pero cuya dosificación (y el semiverdor del vehículo) explica quizá la virtud apaciguadora y a la vez vigorizante. Después de algunas vueltas el mate se vuelve insípido, pero prudentes exploraciones permiten alcanzar, con la bombilla, sinuosidades aún vírgenes que prolongan el placer en otras tantas pequeñas apariciones de amargor.

Claude LéviStrauss.  Tristes trópicos

Cualquier buen cebador de mate argentino sentirá que el prestigioso francés miró mal, o no tenía ni idea. “Una vez que el cimarrão se dispone de esa manera, solo queda saturarlo de líquido antes de ofrecerlo al dueño de casa”
¿¿¿¿¡¡¡¡Tas loco !!!!!????? Saturarlo de líquido…je.  Todo el mundo sabe que al colocar la yerba dentro del recipiente de calabaza o madera  hay que disponerla en forma de tobogán adentro del mate y luego de mojar con agua algo más fría que con la que luego se va a cebar. Se introduce la bombilla en la parte baja del tobogán y se le va arrimando el agua cariñosamente resbalándola desde la bombilla o desde la pared del mate sobre una pequeña gruta que se hace en los alrededores de la bombilla. Con cuidado de no inundar toda la superficie, puesto que ese desastre ocasionaría que el mate dure poco (se lave). El tipo se hizo famoso con frases como “inundándolo de líquido”… Haceme el favor Levi. andá a lavarte las patas.

El agua nunca debe superar los 80ºC ni debería inundar todo el recipiente. La parte alta del tobogán debería permanecer seca todo el tiempo posible.

Inodoro Toro y Mendieta Perro. (Inodoro Pereyra y Mendieta, ilustrados por Roberto Fontanarrosa)

Otra posibilidad es que el lector avezado en mate, o simplemente usuario ocasional, sienta leyendo el relato de L. Strauss que está haciendo mucho lío con una simple mateada. Que han transformado lo habitual en algo exótico, en un documental de la National Geographic.

Vale la pena sospechar que nosotros somos los extraños de los extraños.
Me encanta el ejercicio antropológico de extrañarme de lo habitual y ponerlo en clave de descripción etnográfica. Observe por ejemplo una asamblea en el trabajo. Hay allí un ritual con sus habituales maestros de ceremonia. El orador principal del grupo de la junta interna que motorizó la asamblea  toma la palabra, describe la situación. Más o menos siempre los mismos levantarán la mano para opinar. El tiempo de cada participante está regulado sin reglas escritas, pero pasado lo estipulado tácitamente el transgresor será reprimido. El ala más trotska de la asamblea pedirá plan de lucha. Esa frase es su sello, su marca de que la izquierda revolucionaria ha estado allí. Posiblemente esté a cargo de una nativa femenina con voz muy aguda que irá in crescendo como lo haría un orador religioso en una plaza.  Algunos participantes de la ceremonia comenzarán a levantar una ceja.  Las intervenciones de los fieles aquí se llaman mociones. Hay una pátina de soberanía y democracia, pero las asambleas tienen una preparación previa en la que varios participantes acuerdan su papel y qué hacer de acuerdo a ciertas miradas y gestos. Si en el tiempo previo,  durante la preparación del ritual (asamblea)  los miembros de la organización sospechan que en una votación a mano alzada pudieran perder, directamente la ceremonia no tendrá lugar.
No sigo porque esta entrada es sobre el mate.  Hay rituales cotidianos de los que somos partícipes pero no lo sabemos. Todos tienen una estructura y módulos que se repiten con variaciones mínimas. Cualquier Levistrocito podría llenarse de guita describiéndolos y luego abonando teorías.
A mi me agrada el cuplé de la murga uruguaya Falta y Resto. Esa sí que es una etnografía repulenta.
EL MATE
Tomar un mate es respetar la tradición
venerar nuestras costumbres, nuestra civilización
es compartir en un ritual las alegrías
y las cosas de la vida, en sagrada comunión.Yo sin embargo descubrí que no me gusta,
y que lo tomo por inercia para no decir que no,
si todos toman me da cosa rechazarlos,
y quedar yo como un sorete o pasar por maricón.Soy uruguayo y por lo tanto metedor,
tomo igual aunque me quemo y es un asco su sabor
es un menjunje de agua verde con microbios,
con el sarro y con la baba que dejo el tipo anterior.
Podés morirte con la yerba atragantado
y te paran por si  es droga cuando vas en un avión
Pero no es droga, no señor, no se confunda,
hay una gran diferencia, tomar mate hace peor
Gracias a vos, yerba de mierda,
de noche voy diez veces a mear,
gracias a vos sufro de insomnio
y de un horrible aliento matinal,
tengo acidez, tengo gastritis
estoy loco del reflujo y del ardor
Voy a empezar a tomar nafta,
seguro que es mas suave y es mejor.
Cuplé del mate, Murga Agarrate Catalina
El mate si bien forma parte de una ceremonia colectiva, relacional, también logra su cometido cuando el mateador está solo. Bueno, nunca está solo si está el mate. El mate acompaña.
Cuando el mate se ha lavado y flotan los palos, un gracioso podría decir “no me des mates con los paraguayos flotando (o paraguayos nadando)”. Esta frase aparentemente graciosa tiene una historia que conocí hace poco. Los paraguayos que flotan refería a los paraguayos muertos flotando en el río Paraná , víctimas de la guerra de la Triple Alianza, una mancha horrible en nuestra historia.
El mate está vivo. El mate ronca. Cuando al succionar  la última poción de infusión se mezcla con aire, el mate rezonga con un ronquido estrepitoso. Y si uno no lo hace roncar, nunca debería pasárselo al cebador o  cebarse uno para sí. Cuando uno siente que los palos flotan y la infusión solo sabe a agua caliente,  en vez de decir “no quiero más esta porquería”, debe decir gracias.
Cuando el mate ronca, es casi seguro que hemos pasado por Sudakia.
PD: Frodo hace su aporte en el comentario

Alzheimer sudaca. (La niebla)

El viernes tuvimos encuentro de amigos. Sudakia está allí. Pablo contó de su abuela y las charlas cuando ella ya estaba con alzheimer. También contó  la historia de este recitado. Loparió.

La niebla lo invade todo. Este cuarto que no eligió, este mundo que no es el suyo, y estos ojos desconocidos que la miran, que la buscan, y que aseguran conocerla. Acá la niebla. Más allá, también la niebla.
Sobre sus manos viejas como piel de papel, sobre  los huesos de antiguo barro valiente, todavía caminante. Y en el medio de toda esa niebla, ella. Ella de espaldas a las ventanas derrumbadas de su presente baldío. De frente al abismo de su pasado, al velatorio continuo de sus memorias desvencijadas, famélicas, suicidas. A veces un sorbo de sol tibio la separa de la niebla y una lucidez con vida de mariposa de dos segundos desesperada y heroica, consigue traer a sus padres, juntar nombres con rostros, revivir un domingo hecho del tiempo en el que su amor está siempre vivo, en el que siempre hay baile y en donde siempre hay risa, y en donde siempre es feliz como era. Un instante más y la mariposa caerá aplastada bajo el plomo implacable de una niebla invencible. Beso su mejilla, ya incalculablemente distante. Me pregunta quien soy. La niebla, otra vez, lo invade todo.

                                                                     Agarrate Catalina