Silbando hacia Sudakia

En la mañana sofocante de fin de diciembre silbo camino a Sudakia. Voy acompañando lo que suena en mis auriculares: silbando, del trío esquina. del disco Corto Maltesse.  Y recuerdo una vieja entrada del 2011 en la que robaba texto al blog de Trinity
Desde muy pequeña, aprendí a silbar, y se convirtió en algo habitual para mí. Cuando estoy contenta y despreocupada, en vez de cantar, que provocaría lluvias, silbo. Sólo he parado en períodos de tristeza o cuando a los doce años una amiga en vacaciones me dijo que silbar ofendía a la Virgen. Bueno, en casa me corto porque a mi gato no le gustan los sonidos agudos, debe ser porque tiene esa capacidad para detectar los de alta frecuencia, dos octavas por encima del humano.
Puede ser algo heredado de mi padre, incluso tenemos un silbido en plan código: cuando quiere llamarnos a una gran distancia o entre una enorme multitud, su característico sonido llega a nuestros oídos lo suficiente para girar la cabeza y avistarle.
Me sorprendo yendo por la calle o el metro dando rienda suelta a mi optimismo…Pero la gente me mira extrañada y con poca empatía, como pensando: “¿qué hace ésta?”. Entonces, me vuelvo a cortar. En Madrid no es habitual escuchar a la gente silbando, y menos a una chica; hasta el momento no he visto ninguna.
Pero cuando estoy en el campo, disfrutando de la soledad, ahí practico hasta que me canso. Desde la típica “La marcha del coronel Bogey” de “El puente sobre el río Kwai” (quedan bien ese tipo de canciones militares), a la que se me venga a la cabeza, incluyendo piezas de música clásica que termino destrozando a mi antojo, cambiando algunas notas para adaptarlas mejor a mis capacidades pulmonares.
En la película argentina Martín Hache, el protagonista Federico Luppi, le comenta a un amigo:
MARTÍN.- ¿Sabés que extrañaba yo de Buenos Aires?
Los silbidos.
La gente que anda silbando por la calle.
Aquí nadie silba por la calle.
Tardé en darme cuenta, tardé unos cuantos meses en darme cuenta.
Casi me vuelvo, me entraron ganas de volver, pero pasó.
Era absurdo, no podés volver a un lugar porque querés oír silbar a la gente.
Otra referencia cinematográfica inolvidable, aparece en Tener y no tener, donde Lauren Bacall le dice a Humphrey Bogart: “Si me necesitas, silba“, aunque la verdadera frase decía: “No tienes que representar ningún papel conmigo, Steve. No tienes que decir nada ni hacer nada. Sólo silba. ¿Sabes silbar, no? Juntas los labios y soplas“.
Siempre tengo la ventaja de que si se invierten los papeles, y un apuesto chico me dice que silbe, seré socorrida a toda prisa 🙂
Del Blog Mi Mátrix particular  2008
a falta de la versión del Trío Esquina bien vale la de Edmundo Rivero

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