Oro, prosperidad y decadencia.

La primera revolución industrial se financió en Inglaterra con el robo. Primero los españoles se llevaron el oro y la plata Americana. Pero rápidamente el botín iría a parar a las arcas de los banqueros alemanes acreedores de la corona española. Alemanes, holandeses y británicos se llenaban las arcas con el oro robado por los españoles. A veces los británicos no esperaban que les paguen, se cobraban directamente afanando en el mar con piratas.

Ernest Mandel ha sumado el valor del oro y la plata arrancados de América hasta 1660, el botín extraído de Indonesia por la Compañía Holandesa de la Indias Orientales desde 1650 hasta 1780, las ganancias del capital francés en la trata de esclavos durante el siglo XVIII, las entradas obtenidas por el trabajo esclavo en las Antillas británicas y el saqueo inglés de la India durante medio siglo: el resultado supera el valor de todo el capital invertido en todas las industrias europeas hacia 1800. Mandel hace notar que esta gigantesca masa de capitales creó un ambiente favorable a las inversiones en Europa, estimuló el «espíritu de empresa» y financió directamente el establecimiento de manufacturas que dieron un gran impulso a la revolución industrial. Pero, al mismo tiempo, la formidable concentración internacional de la riqueza en beneficio de Europa impidió, en las regiones saqueadas, el salto a la acumulación de capital industrial. Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina

Así, la acumulación originaria del capital, el afano, financió a la manufactura y luego a la revolución industrial.

Pero este post no versa sobre la acumulación originaria. Seguiré con Galeano presentando al ilustrador de la decadencia inglesa de fines del Siglo XVIII

Cielos y suelos Inglaterra, siglo dieciocho: todo subía. Subía el humo de las chimeneas de las fábricas, subía el humo de los cañones victoriosos, subía el oleaje de los siete mares dominados por los cien mil marineros del rey inglés, subía el interés de los mercados por todo lo que Inglaterra vendía y subían los intereses del dinero que Inglaterra prestaba. Cualquier inglés, por ignorante que fuera, sabía que alrededor de Londres giraban el mundo y el sol y las estrellas. Pero William Hogarth, el artista inglés del siglo, no se había distraído contemplando los esplendores de Londres en lo alto del universo. Más lo atraían las bajuras que las alturas. En sus pinturas y grabados, todo caía. Se arrastraban por los suelos los borrachos y las botellas, las máscaras rotas, las espadas rotas, los contratos rotos, las pelucas, los corsés, las ropas íntimas de las damas, el honor de los caballeros, los votos comprados por los políticos, los títulos de nobleza comprados por los burgueses, los naipes de las fortunas perdidas, las cartas del amor mentido y la basura de la ciudad. Eduardo Galeano, Espejos.

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Un pensamiento en “Oro, prosperidad y decadencia.

  1. Impresiona ver en Cartagena de Indias la ciudad amurallada porque uno sabe la historia pirata detrás. Y ni que hablar cuando vas al Museo del Oro, en Bogotá que tiene la friolera de 35.000 piezas de oro solamente.
    Antes, el oro;el próximo botín, será el agua. Y hay mucha agua por extraer, en América Latina.
    Gracias por iluminar Renegáu.

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