La Salada

Esta entrada la escribí en mayo de 2012.

En esa época, el Secretario de Comercio era Guillermo Moreno y le pegaban para que tenga.

No le voy a negar que tenía costados flacos y criticables, pero le pegaban por lo que hacía para bien: controlar los precios, ir a las asambleas de accionistas Clarín como representante del Estado. Y porque no era amable, dócil ni sobornable.

No le pegaban porque el acuerdo de precios tenía una mesa muy chica y solo arreglaba con los grandes, aumentando entonces la concentración de la oferta.

Para esa fecha Argentina visitaba África para abrir mercados. Angola. Entre los productos exportables figuraba La Salada.  La crítica opositora y mediática se centraba en que Angola, el país comprador, no es un país democrático.  Sobre el trabajo a façon no se hablaba, ni sobre esclavitud.

Me calenté:

Lo que sigue es el texto de esa calentura de mayo de 2012

*          *          *

Le aviso: acá no habrá metáforas ni musiquitas. Tengo ruidos. No son los de la panza, aunque tal vez, algo esté ocurriendo allí. Habrá algo de Economía política. Le pegaré al gobierno popular desde la izquierda gorila. Tal vez sea conveniente rajar ya mismo.

Dice El Calo

marx y sus hijas

(Si… este Calo) Tinta china de Leonel Fernández Pinola

que hay distintas maneras de subsunción del trabajo al capital: (supeditación del trabajo). Una primera, cuando los laburantes son expropiados de los medios de producción y laburan pal macho. (él está pensando en los primeros momentos del capitalismo). Ahí el valor que producen es superior al salario. Esa diferencia es el plusvalor, o plusvalía con la que se queda el dueño de las herramientas. La tecnología es más o menos la misma que en un tipo de producción artesanal medieval. Si el negrero quiere aumentar el plusvalor, debe incrementar la cantidad de horas de trabajo. A esto el Calo lo llama subsunción formal.

Pero con el desarrollo de la técnica, en igual tiempo, se produce más. Lo que aumenta es la productividad del trabajo. (Con el paso de la manufactura a la producción industrial) Esa es una subsunción real.

El tipo identifica otra forma más de subsunción del trabajo: la subsunción indirecta, por ejemplo: Un aviso del diario dice: busco diseñadores de entre veinticinco y treinta y cinco años, con postgrado en márketing y dientes parejos. El capital no se hace cargo de los costos de formación y embellecimiento del quía. Se hizo cargo otro: el Estado, la familia, etc. No le importa. Eso no lo paga. Es una forma de subsunción indirecta.

El trabajo a façón en indumentaria es un tipo de subsunción indirecto del trabajo . Yo quiero que fabriques con determinado standart de calidad. Te doy cortado y vos cosés en tu casa, en tu taller, o pegás botones, o lo que sea. Paso a retirar lo que laburaste y te pago al contado. ¿Cómo te compraste la máquina?… Me importa un carajo. ¿Cómo es que tenés formación en ese oficio?… Me importa un carajo. Y además te pago a destajo: un precio fijo por unidad: ¿Querés ganar más?…. laburá más. ¿Necesitás sub-emplear?… Problema tuyo. El capital no paga la reproducción del trabajo.

Eso es La Salada. (En el caso que se tate de trabajo a façón, y no directamente trabajo esclavo en talleres clandestinos… que es en la mayoría de los casos). De esa manera se consiguen precios bajos para el gran público. (Esa misma metodología tienen las fábricas de marca, aunque el precio al público es otro. Acá y en la mayoría de los países donde los controles estatales son débiles. Como consumidor de marcas pago por pertenecer a una clase. -Eso dirá Bourdieu, sumando el consumo como elemento de distinción entre clases, a la propiedad de los medios de producción-).

Pues… eso también llevamos a África. La Salada en Angola.

Caparrata (Caparrós y Lanata) me chupan un huevo. El moco de las medias de Clarín miente me pareció eso… solo un moco… a la vez que me dieron ganas de comprarme un par. Tampoco conozco ningún país que haga un examen ético para aprobar a un país comprador. Y los paladines de la ética que lo cuestionan son unos mercenarios sin ningún fundamento para plantear dilemas éticos.

Pero para adentro del país…no estoy planteando comunismo: no le digo socialización de los medios de producción, ni lucha de clases, ni dictadura del proletariado. Le digo Estado. Estado árbitro entre el capital y el trabajo. Le digo intervención. Le digo equilibrio. Le digo control sobre las condiciones de producción. Le digo peronismo keynesiano. Armonía entre las clases. Le digo burguesía nacional que da trabajo y sueldos dignos. Y si todo eso funciona… bueno… ahí seguiré hinchando las pelotas y me pondré más zurdito y expropiador.

Me encanta que Moreno le ponga freno a las importaciones, que haya control de cambios. Me gusta que le ponga presión a los formadores de precios. ¿Por qué se trata de armar de él un monstruo?… Porque intenta de hacer bien su trabajo. Porque el control de precios es a favor de las mayorías y en contra de los intereses concentrados, que también manejan los medios de comunicación. Tengo un gran pero. Usted sabe lo que es un pero grande… un Perón.

Me gusta que se piense en África como un mercado donde colocar nuestros productos. Me alegra que se apruebe una ley de identidad sexual. Me alegra la mayoría de las cosas que impulsa el gobierno. Pero exportar La Salada… me da hipertensión arterial.

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