Plaza de Sudakia

Ayer subí al auto y lo dejé a tres cuadras de la estación de Villa Elisa. A las 9 y diez paró el tren y un compañero de la oficina desde arriba me gritó- ¡Nacho!- (Mi nombre de la vida real). Había lugar par viajar los tres juntos: el estaba con su compañera.
El Roca era una fiesta: cánticos, insignias, distintivos. Diversidad que reconoce una misma conductora.
En Avellaneda cedimos los asientos a mujeres con críos, pero Constitución ya llegaba. Nosotros estábamos quietos… era Sudakia la que venía al encuentro.
Sudakia se detuvo y entonces…la caminata hasta el hall central. Una multitud  alegre, con banderas arrolladas de varios colores. Casi todos jóvenes.
Un pibe tenía una remera roja con la hoz y el martillo y un frase que decía “soy chorioficialista”.

En el Subte C se repitió el festejo popular. Sin combinaciones: salir a la 9 de Julio y caminar hasta la Plaza de los dos congresos. Las primeras imágenes a la salida de la boca del subte fueron payasos sobre zancos frente a un stand del CEDRONAR y música. Cuatro travestis con tetas inmensas y remeras de La Cámpora ceñidas al cuerpo venían en nuestra dirección. Ops… saltimbanquis, travas… esto se está poniendo bueno.

Gente suelta, columnas de agrupaciones. Viejos, matrimonios con niños, jóvenes…muchos. Distintos grupos caminando en sentidos distintos.
Saqué fotos. ¡Sudakia es tan fotogénica!… Tenía que documentar el autogolpe populista que vaticinó Lilita.

Fui parte de un ritual: y no era un observador imparcial: era un nativo, era parte de una ceremonia ancestral y creo que de importancia histórica.

Empezó por el principio: el himno. Adelante tenía una pareja. Ella desplegaba una bandera argentina sin inscripción y él la miraba. En la parte de “Sean eternos los laureles…”  él levantaba el puño y ella los dedos en V… él trosko y ella peroncha. Piedra rompe tijera…En fin… si se quieren…

A mi derecha había un cordobés con remera de Cristina Conducción. Lloraba, reía, puteaba cuando la pantalla gigante tomaba la cara de Lorenzetti o de Burlich. Como hacíamos todos pero más…con el corazón abierto.
Detrás del cordobés había una pareja de hombres abrazados bajo un paraguas.

Cada tanto alguien levantaba la vista y señalaba al drone-cuadricóptero que filmaba/fotografiaba  la plaza. No pude dejar de recordar el bombardeo a la Plaza de Mayo. (Si pincha verá lo que vio el drone de La Nación editado: cuando la Plaza se estaba llenando, cuando se desconcentra…nada de mostrar la plaza reventando)

Entre los feligreses había un silencio respetuoso en un templo a cielo abierto, o con techo de lluvia hinchapelotas.
Sobre el discurso no hablaré. El ciberespacio está plagado de análisis inteligentes y de los otros.

Adelante, a la derecha tenía una mina pelirroja con una vincha plástica de la que salían antenitas de resorte a la manera del Chapulín Colorado, solo que en el extremo no había pompones: estaba la foto de Cristina pendulando al ritmo de sus movimientos de cabeza.

Luego de más de tres horas, cuando la presidenta terminó de hablar, los parlantes comenzaron a rugir con los Redonditos de Ricota.
Algunos reían, otros cantaban, aplaudían. Muchos se abrazaban. Una chica bailaba mientras lloraba. Seguramente por el efecto de los triglicéridos del choripán.

La desconcentración fue ordenada. Los bares y restaurantes recibían a los hambrientos choriplaneros ávidos de comer y mear. Mientras esperábamos a la compañera en la interminable cola del baño de mujeres, reparé en el cartel de un sindicato afiliado a la CGT

La única foto que pondré. P’a qué exponer a gente a la que no le pregunté si quería salir en mi blog.

La vuelta fue rara. Estábamos cansados y felices. Era el último viaje en el Roca gerenciado por privados.
La yegua había convocado una fauna variopinta, pluriclase, pluriétnica y pluricultural. Te voy a extrañar.

El compañero se mordía porque en La Plata se jugaba el clásico y él estaba ahí en El Roca sin radio. Su hija lo llamaba para darle novedades de estudiantes.

Llegué a casa. Mi familia vino a abrazarme ni bien escucharon el ruidito de la llave girando. Nuevamente en Sudakia.

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4 pensamientos en “Plaza de Sudakia

  1. -¿Viste lo que escribió el Sudaka? -le digo a Luis. -¿Te leo?
    -¡Dale!
    Empecé a leer en voz alta y llegando a la mitad se me anudó la garganta. Qué lo parió.
    Luis tomó la posta y llegó al final. La alegría de haber compartido el mismo lugar y la misma emoción también con usté nos dibujó sendas sonrisotas.

    • Le había respondido y veo ahorita que no quedó publicado. Ya no recuerdo mi sesuda respuesta. Tendrá que conformarse con esta pedorra improvisación: un abrazo grandote para los dos, que algún día será personal de carne, hueso y tinto.

    • Faltó el abrazo, pero estuvimos juntos Federico… todos juntos.
      Me encantó la frase del cartel de los curtidores. Era una frase para Lanusse y para todos los de la plaza del odio y la tristeza. Lanusse había dicho que Perón no volvía no porque no podía, sino porque no le daba el cuero. Y volvió a través de Cámpora y luego en persona.
      Espero que se repita, pero ni como tragedia, ni como farsa.
      Abrazo grande

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