Los 43 estudiantes desaparecidos y la Patria Grande

Mi amigo Néstor está en Berlín. Allí fue a hacer su tesis doctoral. Tenemos un trato: el me manda fotos de streetart y yo lo extraño. Bueno. Él manda pocas fotos, pero yo cumplo a rajatabla mi parte: lo extraño. (algunas de las fotos del niño Néstor están en la pestaña “regalitos”…Por cierto, vengo atrasado: tengo algunos regalitos sin publicar).
A lo nuestro.
El niño Néstor participó en Berlín de la sentada/protesta frente a la embajada de México por los 43 estudiantes desaparecidos.

Reproduciré aquí su conmovedora crónica (que él publicó en Facebook el 2/11/2014)

Anoche pasé por la embajada de México en Berlín. Los residentes mexicanos habían armado una sentada o “plantón” como le dicen ellos, en reclamo por los 43 pibes desaparecidos. Fueron 43 horas seguidas, desde las 5.00 hs. del viernes, hasta las 24.00 del sábado. Un estudiante de ese país, que asiste a la misma biblioteca donde voy todos los días, estaba en su organización. Por la causa noble, y también por simpatía, respeto y reconocimiento a su militancia, ahí estuve. Llegué alrededor de las 19.30 y pensaba estar un rato. A cada hora exacta, se hacían 43 segundos de ruido y bulla. Luego se pasaba la lista de los 43 estudiantes desaparecidos, y tras cada nombre, se aclamaba un “Presente!”. Y se cerraba con la lectura de algún fragmento relacionado a la biografía de uno de ellos.

Foto: Néstor Artiñano

Las horas fueron pasando, el frío acrecentándose, y la guitarra o alguna que otra banda sonaban en la vereda. Ya era más de un rato el que estaba teniendo ahí. Podemos decir, que se me hacía difícil partir. Conversaciones amenas con quien conocía de vista, o con quien veía ahí por primera vez, y sentir que miramos el mundo de forma similar, atrasaba mi partida. Estando ahí presente, se había pasado la lista a las 20.00, a las 21.00, a las 22.00 y a las 23.00. A las 23.00 pasó algo inolvidable, fuertísimo, para mí y para todxs. Luego de la rutina, una piba leyó “El derecho a soñar” de Eduardo Galeano (*), y a medida que avanzaba se acercaba al borde de las lágrimas. Terminó de leer y éramos decenas de estatuas humanas, con los ojos lagrimeantes. En esas palabras estaba latinoamérica en carne viva. No sé cuánto duró el silencio, quizá segundos o minutos. Y de la nada, con la sensibilidad y la intuición propia de un gran artista, un flaco con la guitarra rompe ese silencio con una canción de -creo- John Lennon (soy muy malo para registrar música). Y luego siguió con “Desapariciones” de Rubén Blades. Creo que esos minutos fueron realmente mágicos, no se borrarán más de mi memoria, de mi alma, de mi cuerpo. Y nuevamente pude corroborar la vigencia de la Patria Grande, los mismos dolores, las mismas historias, las mismas canciones. Un cartel del “Nunca Más” de Argentina estaba ahí. Las fotos de ellos, era recordar a los desaparecidos de Argentina. Nos recompusimos un poco con ayuda de la música, fue necesario atravesar ese momento, fue reparador, aunque triste, y entre tiritar y canciones, llegaron las 24. Nuevamente la bulla y el ruido por 43 segundos, nuevamente la lista de los 43, y ahora ya el “Presente!”, no se gritó, sino que se coronó cada nombre con un fuerte, desde las tripas, y casi ancestral grito de “Vivo lo queremos!”. Y nuevamente la canción de Blades, ahora si programada, se hizo presente, para cerrar tantas horas de plantón, horas que marcaron la historia de muchas vidas, y que lograron hacer sentir un fuerte clamor de justicia.

Néstor Artiñano.


(*)El derecho a soñar

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