La servilleta

¡Puta madre!… Justo ahora se viene a nublar. Refrescó. Necesito un café.
En la mochila tengo un cortavientos que no me pongo desde el año 1996. En esa época le decía anorak. La china lo guardaba en el desván.
Entro al bar. Sudakia puede esperar media hora que no pasa nada.
Las cosas del destino: creo que este es el bar en que me puse el cortavientos por última vez.
Pido un café.
No tengo libro. Me siento indefenso cuando debo esperar sin nada para leer. Pero sí tengo la libreta espiralada y la bic negra.
Meto la mano en el bolsillo por instinto.
Un papelito. No. Es una servilleta.

Un tesoro como los que encontraba en el fondo de las carteras de mi vieja: monedas que ya no eran de curso legal, fósforos de cartón con propagandas de negocios cerrados, sobres de azúcar…en fin.
A veces ganzúas  inesperadas  abren cajones de la mente que uno supone inexpugnables o inexistentes.
Recuerdo  la escena. 1996 en este bar.

En la mesa de enfrente había un diálogo sigiloso entre pelados de traje. No recuerdo casi nada.  El mozo era el mismo, pero antes tenía el pelo negro y engominado. Y estaba más flaco.
El gordo escribió algo en una servilleta y se la pasó al de ojos saltones.
Le dijo entre otras cosas que no recuerdo: -Estos son todos los federales-
Cuando el ojudo ya se la había guardado, el gordo hizo un gesto como de recuerdo repentino, mientras se golpeaba de refilón con la mano abierta la frente lustrosa.
-¡Me olvidaba del municipal!-. Y le escribió otra servilleta.
El ojudo se la puso en el bolsillo. O creyó hacerlo, porque cuando se fueron quedó tirada en el piso.
La recogí y la guardé en el anorak. No sé para que mierda junto basura.

Me voy  antes que llegue el mozo.

Allá voy Sudakia.

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6 pensamientos en “La servilleta

  1. ¿se fue sin garpar?, que desacatao!!!, por cosas como esas estamo aislados del mundo, etc 😀
    Igual eso de los billetes obsoletos, es muy indicativo de edad, incluso saberse las denominaciones de diferentes monedas de curso legal en el país, y su tiempo de vigencia sin haberlo leído en un libro, ya es delator.

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