¡Taxi! (El regreso)

1

La primera vez fue en los noventa.
Salía del cine de ver Full Monty. Una mezcla de sentimientos: humor negro y golpe de realismo.

Acá los noventa hacían estragos y el achicamiento del estado con el mejor alumno del Consenso de Washington a la cabeza del país. El Thatcherismo haciendo escuela.
Hastiado por la película  y la tarde lluviosa, decido tomarme un taxi hasta casa. No estaba dispuesto a soportar los cuarenta minutos del 273.

El taxista se alegró cuando escuchó el destino. ¡Se había ganó una viaje largo!…
Yo estaba callado. No soy ahora ni tampoco en los noventa un asiduo cliente de taxi. Pero cuando debo acudir a ellos, charlo animosamente. Esa tarde-noche no era el día.
El tipo me preguntó si me sentía bien. Comencé a contarle de la película.

El escuchó respetuosamente y a mi silencio lo interpretó como una habilitación.
Yo quería permanecer callado. No esperaba un diálogo, pero el  ya estaba lanzado.
Me dijo -¿Sabe?… Yo laburaba en Petroquímica (Petroquímica General Mosconi). Y me dieron el retiro voluntario….¡A la fuerza!…
Luego nos comimos la indemnización.
Tuve que salir con mi suegro a juntar huesos. Llenábamos un camión destartalado y los vendíamos. Desde hace unos meses enganché el tacho. Soy peón. Sé a la hora que me siento pero no cuando termino. ¡No sabe cómo tengo la espalda!…-

El boludo de los taxis permaneció callado y avergonzado todo el resto del viaje.

2

La segunda vez fue hoy.

Por la mañana viajé a La Plata con los niños. Un programa complicado. Dejaba a mi mujer en casa con uno de los niños, sin luz ni agua por la tormenta.

Debía sacarme sangre para un análisis, pero primero dejarlos en terapia.

Si usaba mi auto una vez que los niños bajaban a terapia, llegaría tarde a la extracción de sangre,  tomando el tiempo que me  lleva encontrar lugar para estacionar. Debía dejarlo allí  y tomar un taxi.
Lo logré por milagro, con un minuto antes del límite. El taxi tuvo que esquivar árboles, cables colgantes  y ramas esparcidas por la tormenta.
Luego de la extracción fui caminando a la oficina.
Para buscar a los niños de sus terapias debí tomarme otro taxi.

Aún las cuadrillas municipales no habían alcanzado a despejar las calles y media ciudad estaba sin electricidad.

Llamé con el teléfono celular a casa. Seguíamos sin luz.
Le pregunté al taxista si él tenía electricidad.
Dijo que si. El vivía por la avenida 122 y seiscientos y pico. El problema era que el viento “le había dejado la casilla así” (soltó el volante y dibujó con sus palmas rectas e inclinadas un paralelogramo).
-Primero tengo que sacar todo lo de adentro y luego desarmarla y re-armarla nuevamente. ¡Y al tacho recién lo dejo a las seis de la tarde!…-
El boludo de los taxis permaneció callado y avergonzado el resto del viaje.

Parece que a Sudakia no se llega en taxi.

Acá iría la escena del baile de Full Monty, pero me decidí por una banda que descubrí hace días y me tiene loco. Música de los Balcanes.

Se llaman Mafiasko Taxi

Jelena Milušić, Bosnia Herzegovina/Alemania (vocalista),
Thomas Morzewski, Francia (trompeta),
Nathan Daems, Bélgica (saxo),
Bogdan Ranković, Serbia (clarinete, fluta tradicional),
Dick Vander Harst, Holanda (guitarra),
Filip Vandebril, Bélgica (contrabajo),
Sebastian Wiesner, Alemania (percusión).

Y van dos: una por historia: la primera “Ciganka” (Gitano, en serbio). La segunda, Verka Kalujerka (Ignoro el significado… muero por averiguarlo)

Jelena Milušić, cantante serbia de Mafiasko Taxi

Mafiasko Taxi – Ciganka (rough mix)

Verka Kalujerka

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6 pensamientos en “¡Taxi! (El regreso)

  1. Tomar taxi es insalubre. En los pocos viajes en taxi que llevo (porque le temo más al precio que a la espera, ingenua de mí). he oído hablar de favor de todas las dictaduras argentinas, y/o paraguayas, en contra de los inmigrantes, de las mujeres, de Perón, de Cristina…
    Sólo en dos ocasiones tuve algo de suerte. Uno me habló de un hospital nuevo que estaba genial, y otro de su nieta que estudia en la universidad.
    Por cierto, que jodido lo de la tormenta. Ojalá se resuelva pronto lo de la luz y el agua.

  2. Coincido en todo. El clásico es el taxista que escucha radio 10, putea al gobierno y maneja como un resentido social. Pero en este caso que refiero (estos dos), el fuera de lugar soy yo mismo y no el pobre taxista. Hay veces en que uno se siente el centro del mundo, el más desgraciado y no pone su desgracia en contexto. El boludo del taxi, soy yo mismo 🙂

  3. Usté es afortunado, si me permite la expresión. Sus metidas de pata se limitan a los taxis. Las mías andan de lo más campantes, desparramadas por el mundo. Ya sé, el consuelo de muchos no es de ayuda, no?

  4. Comandante. La antropología tiene un nudo ahí: la cultura. Se supone que eso separa al hombre de la naturaleza. Yo tenía a la empatía como la frontera que separa a los conchisumá de los repulenta, pero usté y Dick me han convencido 😉
    Verónica: Podría llenar un blog gigante con mis metidas de pata. Si las teorías pedagógicas del ensayo y error fueran ciertas… los torpes seríamos sabios! 🙂

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