El tiempo y el peso de las palabras

Avisé que Sudakia es de cabotaje, un blogsito sobre lo pequeño, sobre lo que no figura en los diarios, sobre… Si Ud ya entendió…¿Por que me esfuerzo tanto en explicar?… Disculpe.
El que avisa no traiciona.

Una rubia joven con ropa cara espera en el tercer piso del  IOMA donde funciona la oficina de auditorías médicas.
Habla por teléfono. Lo único que nos perdemos es lo que dice su interlocutor, porque la parte de ella es vomitada a grito pelado.
-Qué querés. Toda la mañana plantada acá. ¡Siiiiii… todavía acá!… Si, si son unos negros cabeza, uno solo atendiendo y veinte toman mate!(Racialización de las relaciones de clase, diría Margulis). Después le pide a un policía que ubique al empleado morocho del mostrador y le diga que venga. El policía negrocabeza con uniforme y el empleado negrocabezademierda aparecen en escena.

Discuten. La rubia dice que conoce gente y que la va  a pasar mal.

Y en ese instante me solidarizo con todos los hasta ahora odiados empleados del IOMA.  La negrocabecéz me dejó del lado del empleado de IOMA y del policía. Por un ratito, nomás.

Es increíble el poder de las palabras. La mina dijo negros cabeza y ya me posicioné de otra manera.
No sé si somos/vivimos  en el lenguaje. Tiendo a pensar que no. Mi materialismo renegau se planta . Pero no tengo evidencias materiales… solo simbólicas. Estoy cagado. Y sigo igual, porfiau en el IOMA, el lugar adecuado para las reflexiones entre expedientes amontonados en cajas que obstruyen el pasillo.

Es habitual que haya gritos y descompensaciones en el tercer piso.

Un señor presenta papeles y espera resignado la respuesta. Otras personas que llegaron después, son atendidas antes que él.
El señor  también lo advierte y  hace el señalamiento. Ahora el negrocabeza no está y atiende  una mujer gorda y tetona con corpiño armado en forma de conos (Madonna look).   La empleada de tetas encorsetadas escucha, resopla y responde que tenga paciencia, que solo es cuestión de tiempo,  que  el auditor resolverá su caso a la brevedad.
El señor sonriendo dice: – Tengo paciencia, lo que no tengo es tiempo: tengo cáncer.-

Ilustración de Roberto Fontanarrosa. Inodoro Pereyra.
Al niño Roberto le bastó un dibujito para explicar lo que a Austin le llevó doce conferencias sobre el carácter performativo de las palabras. (¿Le dije que pinche los hipervínculos? No pinchó tampoco el de arriba, donde dice “racialización de las relaciones de clase” y se perdió el trabajo de Margulis. Zafó, porque en Sudakia no hay pecado ni infierno)

Sudakia está lejos, lejos, lejos del IOMA.

 

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2 pensamientos en “El tiempo y el peso de las palabras

  1. Puffff! Sólo conozco las delicias de la planta baja de IOMA. Hace bastante que no voy. Mañana me toca. Autorizar órdenes nomás. Eso requiere: tiempo, buen humor, libro en curso, poder de observación. ¡Listo! Ahí nomás desfilan los personajes. Abundan las rubias (las más de las veces ilegítimas). Eso sí, nunca vi una empleada de tetas encorsetadas. Aguzaré la vista pa’ la próxima.

    Ah! Los vínculos son otro viaje a Sudakia 😉 Chagracias por tantos regalos.

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