Sudakia y el resto de tu vida

Veía en la tele que un tipo decía.

“Cuando termine la pandemia no me subo nunca más a un subte (metro) en hora pico. Ya estaba acostumbrado, pero creo que ahora no podría hacerlo nunca más.
No sé…creo que me voy a compra una bicicleta”.

No era por el miedo al contagio. Es que la vuelta a la llamada normalidad lo sentía como una tremenda equivocación. Su vida pasada era una locura. El estrujamiento rutinario como una naturalización de la patología social de la vida cotidiana.

Y vos… ¿Qué vas a hacer el resto de tu vida?

Adrian Iaies al piano,  Pablo Mainetti con el bandoneón,  Horacio Fumero   al contrabajo y Fernando Martinez en la batería tocan esta pregunta  que te hice recién:

What are You Doing the Rest of Your Life

Distancia Social

La revisión de material viejo editado en el blog, nuevamente hace reflotar viejas entradas. En este caso, relaciono las reflexiones de entonces (https://sudakia.wordpress.com/2016/03/04/comment-discapacitado/)con la distancia social impuesta por la cuarentena   y la proxémica  de Edward Hall   (semiótica de las distancias). De paso si se le anima al texto, encontrará dos enlaces a dos libros que podrá descargarse gratarola y se escucha un temita de los Doors. Me debe un Capitán del Espacio de chocolate y uno de dulce de leche


Tengo otro blogsito: autismo sudaca. De allí rescaté estos párrafos de una respuesta que di en relación a un post (Marzo de 2012)

Hola Christian. Hall en La Dimensión Oculta (The Hidden dimensión, 1966) propone una proxémica, es decir una semiótica del espacio. Observa a los animales y ve cómo a partir de determinada distancia, (sobre todo en los animales territoriales) se pasa de ser una curiosidad a una amenaza. ¿Cual es el límite?… Extrapoló estas observaciones al campo de la cultura. Identifica cuatro distancias: íntima, personal, social y pública. Él le pone metros y centímetros pero eso a mi no me importa. También reconoce variaciones culturales. Pone ejemplos interesantes, por ejemplo, no es lícito mirar a los ojos en un ascensor: si ese límite se pasa, es una amenaza o una seducción. En su momento, me pareció un poco intrascendente. Hall nunca habló en el libro sobre el autismo.
Pero con los años y siendo padre de tres niños dentro del espectro autista lo recordé.

Caminaba por la calle con mi hijo Ivan de seis años con TGD. Justo cuando pasamos frente a la puerta de una casa, salió una anciana. Iván le tomó la mano sin hablarle y con naturalidad. La señora dejó que eso suceda y así caminamos una cuadra los tres en silencio. Yo estaba incómodo, pero era el único. Para Iván no había ningún problema, y la señora caminaba feliz. Tal vez hiciera mucho tiempo que nadie la tocaba.

[esto que diré no estaba en el texto original. Ivan desde antes del trío caminante quería una Coca Cola. Yo avergonzado deseaba terminar de inmediato el paseo de los tres tomados de la mano. Esa cuadra me estaba pesando kilómetros.

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Por fin vi un kiosco en la vereda de enfrente y le avisé que cruzaríamos a comprar. Ni siquiera me animé a mirar a la anciana cuando nos separamos. Con los años Ivan me está transformando, morigerando mi discapacidad. Sigamos con el texto de 2012]

Me quedé reflexionando sobre el punto. Y allí estaba lo del espacio íntimo, Hall y el autismo. Luego observé eso en mi hija, con Asperger. Las distancias sociales forman parte de un código no escrito nunca explicitado. (…)

Jamás había leído nada que relacione el autismo y la proxémica de Hall, hasta que hace diez días leí, Haciendo frente, de Marc Segar. (Un joven ingles con asperger, que hace una especie e manual para ayudar a otros asperger a sobrevivir a las burlas, y a hacer explícitos los códigos ocultos de la cultura.)
En la página 10 está el punto 5.1: Límites o espacio personal.

* * *

Pensando ahora en 2016 sobre la anécdota y el texto de 2012, no importa lo de Hall y su proxémica sociobiológica. Importa la llamada normalidad, la vergüenza, el miedo a los desconocidos y al ridículo.

En Sudakia será considerado discapacitado/autista quien no salude, quien sospeche de los extraños, quien no sea capaz de poner la mano, la oreja y el tiempo al servicio de los desconocidos.

Las personas son extrañas cuando usted es un extraño
Las caras parecen feas cuando usted está solo
Las mujeres parecen malas cuando usted es no deseado
Las calles son desiguales cuando usted está mal
Cuando usted es extraño
Las caras salen de la lluvia
Cuando usted es extraño
Nadie recuerda su nombre
Cuando usted es los extraños

Cuarentena y convivencia.

A esta entrada la escribí en el 2016 en mi blogsito Autismo Sudaca. (https://autismosudaca.wordpress.com/2016/11/24/cuales-son-los-colores-de-la-cebra-sabes-o-no-sabes/) Será el confinamiento por la pandemia. Algo gatilló  el recuerdo de este texto y lo traigo  para compartirlo.


El nombre técnico es comorbilidad. Un término con cacofonía terrible. Significa que a la enfermedad o trastorno principal, se le asocia otro. En este caso es autismo más hipomanía. Otra palabreja sugerente. Podría traducirse como pichón de bipolar.

Cuando a Marty Mc Fly lo llamaban “Gallina” en Volver al Futuro, se recalentaba y era capaz de enfrentarse con cualquiera, sin medir consecuencias. Sin escalas, ni gradualidad. “gallina” le disparaba sus demonios.

No estoy diagnosticando con nada a Marty Mc Fly. Solo quiero ejemplificar.

En este caso que nos ocupa basta con decir el anodino monosílabo “no” y arde Troya. El Dr. Jekyll muta en Mr. Hyde en una velocidad que Stevenson nunca hubiera imaginado.

Intolerancia a la frustración. Je. A papá mono.

De chico jugaba a “ni si, ni no, ni blanco, ni negro”. Un juego que consiste en entablar un diálogo: el interrogado tiene prohibido contestar alguna de estas cuatro palabras. No es posible mentir, ni contestar cosas fantásticas. El que interroga agudiza su ingenio para que el contrincante se vea obligado a decir alguno de estos términos y el interrogado se las ve oscuras (por no decir negras, porque pierdo) para evitarlo.

Una estrategia adecuada era el cansancio. Hacerla fácil, dejar que el interrogado se luzca con respuestas ingeniosas. Y luego una ráfaga de preguntas cortas, que lo tomen por sorpresa y agotado. Y el si o el no se escurren entre la ya desgastada y baja guardia. No hace falta un cross al mentón. Bastaría con un simple -¿Dejamos de jugar?- y si el incauto dice si, en vez de dale, o de ok caerá fulminado a la lona.

Ese juego me entrenó en el arte de la respuesta que evita el no. Pero aquí, cuando pierdo tengo una prenda terrible e infumable, un rosario de gritos, llantos, insultos y amenazas. Debo a toda costa evitar el puto “no” y a la vez no ceder en mis convicciones.

-Papá. quiero helado-. Si da, todo bien y adelante con las calorías del helado (caramba con la contradicción térmica). Si no es posible … ups….

-Genial. Yo también, el jueves compraremos.-. (y resulta que es martes). ¡¡¡Oooooole!!!

Pero el contrincante no se da por vencido fácilmente. Podría decirme: -Pero yo quiero ahora- y me caga. O eso cree.

Retruco, -Quedó fruta. ¿Me ayudás a hacer ensalada?-. Una salida fácil que solo patea la pelota unos centímetros para adelante. El tipo insiste: –No-. (sabe que él puede decir no y se aprovecha. -Yo quiero helado, no ensalada de frutas.- Se abusa. Sabe que hay mucha gente alrededor.

Las cartas ya están sobre la mesa. Será imposible desviar la atención. Todos sus sentidos se concentran en el helado y el mundo ha desaparecido. Solo existe un gran cucurucho y un escollo que se interpone. Mientras tanto yo, el escollo, evalúa.

¿Estamos en terreno adecuado para presentar a Mr. Hyde en sociedad?… ¿Soportaré los saltos, gritos desaforados e insultos en el hall del supermercado de un hijo que calza cuarenta y cuatro y me llega a la frente?…

Recalculando

Estoy cansado. Tengo ganas de llegar a casa. Dejémoslo para otro día.- Esto que pienso lo digo sin evaluar conscientemente que el no, no ha aparecido. El entrenamiento se ha hecho reflejo, como los consejos del señor Miyagui a Daniel: cera con mano derecha, pulir con la mano izquierda.-

Lo digo acelerando el paso hacia la salida física. Mientras pienso: ¿El problema es su intransigencia o mi vergüenza?… Me avergüenzo de saberme avergonzado por mi hijo y allí mismo, en medio de todas y todos digo con voz firme:

No vamos a comprar helado. No tengo ganas. Sale carísimo y tenemos fruta.

Lo miro a los ojos, con las piernas abiertas y las manos cerca de las cananas del colt. Estoy preparado. Adelante. Un silencio se produce en el hall del supermercado. Todo se ha detenido, unas bolas de pasto seco son empujadas entre los changuitos repletos de alimento.

Me mira directamente a los ojos. con la ceja derecha por encima de la izquierda. Es Clint Eastwood en una escena de El Bueno, El Malo y El Feo

Es consciente que le hicho dos no al hilo. Que no se me han escapado. Que me banco a Mr Hyde. Que me quedan al menos otros cuatro no en el tambor del Colt 45.

Grita un -Está bien-. Sin saltos, sin insultos. Soplo el humo de la pólvora del caño y enfundo. El hall se descongela y todos vuelven a la anormalidad.

Al viaje de vuelta lo hacemos en silencio.

28 años no es (son) nada

Hoy hace 28 años que se fue Astor Piazzolla. Normalmente en Sudakia le rajamos a las efemérides y a la agenda social. Pero a veces, como hoy, se filtran entradas alusivas a “lo que hay que hablar”.

Tengo mil quinientas posibilidades para musicalizar el post. Tomaré la opción del trío de locos polacos. En vez de bandoneón, acá hay un acordeón. Le ponen tanta garra. Es una versión virtuosa, apegada a la partitura, pero no por ello menos cálida y sentida.

Como ya comenté, estos tipitos están locos. Se ve su influencia piazzolliana en esta versión que hacen del clásico de Michael Jackson. El video es medio bizarro, pero la interpretación es magistral.

Gracias Miguel Rep

Sudakia en mi cabeza

Sudakia está en la música. Llego a Sudakia y me instalo. Incluso puedo transitar el mundo cuasi normal en mi calidad de trabajador esencial y llevar Sudakia en el auto o el teléfono. Afuera hay un mundo de tapabocas, anteojos empañados, largas colas. en fin. Sudakia, bésame mucho.

Un otoño destemplado. Viento. llovizna. Pero con la marimba de Pius Cheung puede ser verano

Loparió.

Sudakia de luto

En la trompeta está el jóven Lee Morgan que la descose. Oscarcito Peterson al piano, Ray Brown (Raymond Matthews Brown) en el contrabajo (acá acompaña, deja que se luzca el pibe) y en la bata, el sociólogo Ed Thigpen (Edmund Leonard Thigpen). Están en Toronto y tocan Moanin.
Un trío de monstruos.

Pablo se murió hace poco. Eramos amigos a su modo. Posiblemente haya sido aspie sin diagnóstico. Compartimos algunas cursadas en la facultad, compartimos el trabajo en el Ministerio de Desarrollo Social en programas de economía social. Compartimos el interés por el software libre (yo era su consultor cuando se le complicaban instalaciones). Era difícil compartir su mirada política. Abrazaba causas hasta que las exprimía. Casi se fanatizaba y cuando encontraba contradicciones las descartaba.

Pablo fue casi todo lo posible: fue mormón, fue anti-religioso, fue marxista, fue mozo de bar, fue militante de Todos por La Patria, peronista, fue antiperonista, fue trabajador del Estado, fue antiestatista. Destestó a Foucault, luego lo abrazó. Militó para Solanas/Carrió, renegó.
En los últimos años se especializó en la economía del bien común, propuesta del economista austríaco Christian Felber. Desde hace unos años, tenía cáncer. Sus cambios radicales llegaron al pelo: pasó de tenerlo largo a quedar pelado, aunque acá la causante fue la quimioterapia.
Un día me dijo que estaba deshaciéndose de los libros. Que pasara por su casa a llevarme lo que quisiera. Una oferta impensada en él y también impensada mi respuesta. Le dije que no. Que yo también estaba en el proceso de despojarme y que tenía en casa tanto sin leer que eso me sumaría culpa y angustia. Pero Pablo dejaba lo más preciado a quién él consideraba que lo aprovecharía. Se estaba despidiendo y yo no me di cuenta.
Pablo no leía ficción. Decía que era una pérdida de tiempo. Parecía soberbio en el trato. Muchos se quejaban que no saludaba. Pablo no veía un choto. Y leía caminando. Cruzaba la calle leyendo. Leía parado en el micro.

Acá discutimos con Pablo sobre el valor en sudakia: https://sudakia.wordpress.com/2015/07/23/valor-en-sudakia-i/

Pablo decía que la cuarentena y el coronavirus le recordaba que la peste negra en Europa  fue una de las causas que contribuyó al fin de la época medival y al inicio del capitalismo. En  ese sentido imaginaba que esta pandemia podría implicar cambios en el modo de producción y consumo.  Tampoco en eso estábamos de acuerdo. Me resisto a hablar de post-capitalismo (no porque no lo desee fervientemente).

Pablo murió y me enteré a los dos días. Si hubiese sido distinto,por la cuarentena, tampoco hubiera podido despedirlo.
Le gustaba el rock nacional. Seguramente el jazz no era de su gusto. Pero hoy, escuchando a Lee Morgan y a diez días de su partida, recién pude llorar.

Chau Nigger. (Vuela Golondrina)

Ayer  por la mañana estaba en el laburo (otro día o ninguno hablaré de qué laburo, aún en tiempos de cuarentena). Me llaga un mensaje del compañero Frodo. Así fue que me enteré y estoy afectado todavía. Pobre Frodo. Se sintió culpable de ser el mensajero de tan triste noticia.

No puedo escribir el obituario del Nigger. Para eso lea el Página 12 de hoy.

Hace muchos años descubrí Comando Amelia, el blogsito irreverente del Nigger. Y me hice seguidor y comentarista de sus hilarantes entradas. Para mi sorpresa el tipo comenzó a seguir mi blog de entonces El Sudaca Renegau. No con un  pedorro “me gusta”. No. Haciendo comentarios. Todavía Facebook no era una red masiva y los blogs eran una herramienta habitual de comunicación social.

Un día de septiembre de  2013 fui a un espectáculo al auditorio de Radio Nacional. Entre otros artistas (El Rubio Peronista, Max Deluppi con Thelma y Nancy, y más gente), cantaba el Nigger.

De ese día hice varios registros. En el Auditorio de Radio Nacional El Nigger Canta Que sí, que no.

Cuando termina el espectáculo los artistas bajan del escenario y salen entre la gente. En un momento quedamos atascados juntos en la puerta. Le digo:

-Nigger: ¿Usted sabe que es mi amigo?-
_¡¡¿Y vos quien sos?!-
-El Sudaca Renegau-
-¡¡¡Sudeicor!!! (Dice Abrazándome) ¡¡¡Yo sabía que algún día te iba a conocer!!!-
Ahí me di cuenta que el Nigger estaba rematadamente loco. El era El Nigger y yo nadie. Sin embargo estaba eufórico como si se hubiera encontrado con Keith Richards.
Me agarra la mano y me arrastra hasta una oficina de la radio que oficiaba de camarín.
-¡Sudeicor!…¿Cómo están los chicos?-
-Me hablaba como un amigo en un reencuentro de ausencia larga. Sabía de mi, de mis hijos. Claro, era un seguidor del blog-
Le digo, -Negro, vos estás más loco que una cabra. Me están temblando las patitas- él siguió charlando como si nada  y en eso pasa Gabriela, su compañera.
-¡Gaby!…¡¡¡Mirá con quién estoy!!!. Ella me mira con interés entomológico. Entonces el Negro dice ¡¡¡El Sudaca Renegau!!!.Gaby me saluda afectuosamente y yo siento que algo sobrenatural acontece.
Entonces el Negro le pide que nos saquemos una foto y yo le paso mi cámara a Gabriela.

Esa fue la primera vez que charlamos personalmente. Hubo una segunda, entrañable. Aunque nuestras  charlas principales fueron digitales.

No puedo agregar nada respecto del ilustrador, actor, cantautor, parrillero, Les Luthier, el comprometido con las causas populares.

León Gieco cuenta que Gabriela comunicó a los más allegados la partida del Nigger con la frase “vuela golondrina”.

Pensaba en estos tiempos de cuarentena y en estas circunstancias en las que parte un ser querido. Las palabras sobran, los abrazos faltan. Te quiero Nigger