Sudakia del futuro

Keynes dijo que en el largo plazo todos estaremos muertos. Una frase que los economistas del tercer semestre debieran tomar en cuenta. Últimamente vengo suponiendo a Sudakia en el pasado, al contrario que los utopistas. Todo tiempo pasado fue mejor y no lo sabíamos. Pero…¿Y si fuese que está allá adelante?…

Sudakia está por venir.

Burda (Alejandro Burdisio) se imagina el futuro y lo pinta. Un futuro sudaca.

Nos aferramos al pasado, a lo conocido. La cultura modela lo que es posible imaginar. Un Fiat 600 y un Citroën 3CV allá en Sudakia. Y churros con dulce de leche.

Mirá que Sudakia puede ser lo que sea. Y no. Es un tango cantado por Rivero.

 

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Sudakia

A veces tiendo a pensar que Sudakia está en la infancia. Cada uno sabrá.
Lo cierto es que mientras se transita esa etapa, no se percibe. Uno no agradece cada  instante en que no le duele la muela.

Pero algunos que han perdido la patria sudaca del pasado, intentan volver aguzando el ingenio, la destreza. De adultos, de viejos, intentamos los caminos a las tierras simbólicas del pasado sudaco.

Dicen que Picasso dijo que le llevó cuatro años poder pintar como Rafael pero toda la vida pintar como un niño. Pero no.

Ahora Hancock habla como un niño. Pero no.

Y Grego (Pablo Agustín Gregori) dibuja como un niño. Pero sus palabras no son de niño.

Tal vez Sudakia sea una pequeña porción de recuerdo requetervesionada.

Loparió.

Mi gurí.

Definitivamente Sudakia no está en el diario. Mire que busqué.

En la sección deportes podría haber sido. Pero no.

En internacionales. Menos.

En política

Hay que cagar a tiros a los chorros. Ese es un pensamiento peligroso para los funcionarios de gobierno que lo sostienen, porque si uno se pone a mirar, en dos años me afanaron el 25% del poder adquisitivo del salario.

Una editorial de Chico Buarque en la interpretación deliciosa de Pedro Aznar le contesta a la Ministra de Seguridad

Te busco Sudakia. Te encuentro. Sos chiquita y estás llorando. Después te vas. Loparió.

Sudakia en el río III

Comprobé que en Sudakia el clima es más seco que acá. Las galletitas no se humedecen afuera del paquete.
Los mocos se ponen duros al otro día de llegar. Sacarlos con los dedos es un contento a riesgo de que la débil mucosa nasal se lastime y forme cáscara. Entonces comenzará una interminable juego de eliminación y engrosamiento de coágulos que dificultarán la respiración.

En Sudakia hay río y sauces en la orilla. Los árboles aportan sombra, cobijo para las aves y las abejas. También contribuyen al carácter bucólico del atardecer.

En los remansos del río se acumulan alevinos y renacuajos. Las algas y plantas flotantes les proporcionan guarida para los casos de peligro. A veces cruzan caballos y vacas porque intuyen que los pastos tiernos están del otro lado.
Siempre pensamos que lo mejor está en otro lado.

Foto: M.E. Li

Cuando veíamos desde la cumbre de las sierras cordobesas los llanos riojanos, queríamos estar allá abajo. Posiblemente alguien desde el llano anhelaba la altura serrana.

En Sudakia el sol pica. Una comezón que se mitiga con chapuzón en el río.

En Sudakia hay aves blancas que de lejos simulan ser bolsas de nylon enredadas en los árboles. La mejor estrategia para no ser vistos es estar disponibles. Las remeras de estas aves tienen bordes negros porque no hay que exagerar con el mimetismo.

Monjita Blanca (Xolmis irupero). Foto: Adrian Braidotti de Aves Argentinas.

Las monjitas blancas, que así se llaman estas aves, detestan la castidad y son proclives al recogimiento.

Repito que en  Sudakia hay río. La distancia más corta entre dos puntos es una curva. Como dijo El Comandante Cansado…”¿Para qué la vamos a hacer fácil si la podemos hacer difícil?”… El fondo de Sudakia está a pocos centímetros de la superficie. No hay que hacer elucubraciones ni dobles lecturas. Sudakia es transparente. En el fondo de las cosas hay arena  hecha de cuarzo, mica y piedritas ígneas y volcánicas.

En Sudakia los ríos se encuentran casi entre las tetas. Bueno, si…entre los cerros Nono. Nonos son tetas en kechua, aunque los kechuas nunca vivieron ahí, así se llaman. Cosas de los nombres…como las monjitas blancas. Como decía, los ríos se juntan casi entre las tetas. Si  hablamos de tetas hablamos de Sudakia.Sudakia está en el Valle de Traslasierra… ¿Tras la sierra visto desde dónde?. Por poner un ejemplo, en Chile, el país trasandino somos Argentina.

Ya partí de Sudakia. Sudakia es una anomalía. Tal vez la próxima vez que pase por Nono Sudakia no esté allí.

Sudaca de velorio

Mi madre se ha muerto. No tenía pareja ni hermanos ni otros hijos. Así que he tenido que ocuparme de todo. También del velorio. A ella no le interesaba ese tipo de ceremonias. Pero mucha gente la ha acompañado en su vida y pensé que tenían derecho a despedirse en un ritual tradicional en el pueblo (pueblo en el doble sentido de popular y de localidad pequeñita).
Este post no será un panegírico sobre mi madre. Es sobre el velorio que ha sucedido en Guaminí.
Este velorio ha sido sin velas, sin plañideras y sin desvelos nocturnos. Algo breve de tres horas. He recibido a repetición la frase “Mi más sentido pésame”. Por respeto a los dicentes me abstendré de opinar sobre este cliché.

La vida se cuela entre la muerte y asoma como risa. La  perplejidad ante la muerte dispara mecanismos de defensa ante la alerta evidente que lo que le ha ocurrido a esa señora que está en el cajón puede ocurrirnos a nosotros en cualquier momento y que indefectiblemente ocurrirá.  Como diría el Tincho Heidegger, no somos para la muerte, entonces la muerte es algo que le ocurre a otros, que ocurrirá dentro de mucho porque pateamos esta situación para adelante. Pero un velorio te caga esta estratagema. 

Estando en el velorio de mi madre he recordado el libro de Oscar Lewis, Una muerte en la familia Sánchez. El antropólogo toma un hecho (una muerte) y lo analiza desde la perspectiva de cada uno de los personajes que está allí. Es más fácil entender un fenómeno si lo analizamos desde la mirada de todos los involucrados.

Tal vez esta mención solo sea una evasión respecto a mi propia situación. Mi madre ha muerto y todas las otras perspectivas no deberían importarme. Hacerme cargo de la situación me pone en un lugar del que me evado con este post. Sin embargo ahí, en esa sala,  he podido llorar, despedirme, y a la vez poner oídos a situaciones que me mostraron  otras facetas de mi propia madre. Otras personas fueron ella y la deformación profesional  ha traído a Lewis y a su método Rashomón a mi propia vida.

Aún en la muerte de mi madre he encontrado a Sudakia. Allí, con mi amigo/hermano del alma sosteniéndome, en el pueblo de mi infancia.

Todavía ando medio aveloriado. Y la vida sigue. Sigo buscándote Sudakia.

 


Sudakia prometida

Promesas I

Dios le prometió tierras a Abraham. Promesas hipotecarias de campaña. La tierra prometida. Desde entonces hay quilombo inmobiliario.

Sudakia es el camino. Pero este camino está fangoso.

Lo prometido es deuda. En el tercer semestre llegará Sudakia.

Si …deuda. Deu-da. Ahora tiene que pagar los intereses de la deuda que contrajo para pagar los intereses. Sudakia es el camino . Ja!….


Promesas II

El rema, rema. Rema en dulce de leche.

Ilustración. Grego. Afanado de su blog. Pinche y salúdelo de mi parte.

El le promete todo. El oro y el moro.

Y ella accede.

Ilustración de Flavita Banana. Los derechos le pertenecen.

Bueno. Casi.

 

 

Re volver en la máquina del tiempo

Recuerdo que hasta los noventa  un departamento era más caro si tenía instalado una línea de  teléfono. En los clasificados esto era destacado y destacable.
A veces sucedía que luego de más de quince años de espera, por fin la telefónica instalaba el teléfono en una casa.  Y ese evento merecía una fiesta con invitados.
En Guaminí, donde pasé una parte de la infancia, viví el paso al telediscado. Hasta ese entonces, todos los teléfonos eran iguales, de color negro y con una manija en el costado derecho. Al descolgar, una telefonista preguntaba a qué número queríamos llamar. Recuerdo el número del teléfono de la casa de mi  amigo Ignacio Flaherty que era el 5. Si, 5. No es que empezaba con cinco, ni que fuese un prefijo. Cinco a secas.

En Guaminí no había kiosco de revistas. Vendían revistas y diarios pero en locales en los que se podían comprar  otras cosas. Por eso cuando visitábamos a la tía Irene en Buenos Aires, un mundo alucinante se me revelaba: ascensores con puerta tijera, micros de pasajeros…¡un tren que viajaba por debajo de la tierra !  y cientos kioscos con historietas.

Casi nadie compra el diario de papel y las revistas son mayoritariamente de formato digital.


En 1976 el ministro de economía argentino de la dictadura de 1976 José Alfredo Martínez de Hoz acuñó la frase: “achicar el Estado es agrandar la Nación”.
Fue la instalación de un nuevo modo de acumulación del capital y una reacción frente al Estado de  Bienestar peronista.
La vuelta a la democracia agrandó el Estado, pero los noventa lo pauperizaron.
El Estado de Bienestar resurgió de sus cenizas en formato populista y se agrandó, pero la reacción conservadora lo volvió a achicar.

Diario Clarín 2/09/2018

El disco de pasta fue reemplazado por el de vinilo, el de vinilo por los cassettes de cinta  y estos por los CD que ya están prácticamente desaparecidos. (hubo formas intermedias y paralelas, pero no es indispensable mencionarlas)

Con la aparición de los videocassettes los cines entraron en decadencia y florecieron los videoclubes. Pero el cine resurgió y desaparecieron los videoclubes.

El invento del  streaming está transformando la televisión y las lógicas del consumo de productos audiovisuales. Pero volvió Tinelli.

Y volvieron los vinilos…el trueque, los comedores barriales, las personas que revuelven basura buscando comida.  Puta madre…¿Re Volveremos a Sudakia?… Si. Vamos a Re Volver.